Crédito: photopin

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Egipto constituye un islote en el mundo antiguo, maravilla su perfección social, administrativa y su modernidad. Destaca por una línea de pensamiento elevada desde sus orígenes, poniendo al hombre en el centro del mundo. Se trata de un pueblo que manifestará, a diferencia de otras sociedades antiguas, un clima de paz. Se podría decir que fue el estado más perfecto del POA, no hay otra cultura tan dilatada en el tiempo, ni que haya sido trasmitida con tanta nitidez.

POA (Póximo Oriente Antiguo) Crédito: Wikipedia Commons

POA (Póximo Oriente Antiguo)
Crédito: Wikipedia Commons

Toda la vida en Egipto gira en torno al Nilo, la necesidad de controlar  y aprovechar los recursos del gran río, generaron las condiciones necesarias para estructurar el primer estado territorial centralizado de la historia. Algo que se refleja en su dilatada duración temporal. Se trata de un mundo estático, ya desde el Imperio Antiguo se establecerán una serie de preceptos básicos de la sociedad egipcia que no cambiarán a lo largo de toda su historia. El estatismo egipcio es fiel reflejo de su  gusto por la inmovilidad, el conservadurismo o la eternidad.

No se conocen muy bien las leyes egipcias, aunque esto no quiere decir que no existieran, se sabe que los egipcios compilaban sus leyes en edictos reales, si seguimos las estimaciones de Heliodoro, existirían cinco grandes compilaciones de leyes egipcias.

Las fuentes con las que contamos para conocer los textos egipcios son las inscripciones plasmadas en pirámides y monumentos, así como obras literarias egipcias, copiadas en gran parte por los escribas de la Biblia. El arte egipcio revela cosas interesantes acerca del estado egipcio. Todo esto nos da un reflejo del funcionamiento de la sociedad, categorías sociales, estatus…

Inscripciones legales Crédito: Wikipedia Commons

Inscripciones legales
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A partir del Imperio Nuevo contamos con documentación jurídica, los ostraca, pequeñas tablillas de barro donde los escribas hacían el borrador antes de plasmarlo en papiro. Los edictos reales de que se tiene constancia serán de época grecorromana, las monarquías helenísticas asumirán el papel del faraón con todas sus consecuencias, sirva de ejemplo la piedra rosetta.

La sociedad egipcia es un claro ejemplo de sociedad piramidal, fuertemente estructurada, en cuya cúspide se encontraba la figura del faraón (aberración lingüística procedente de la Biblia, ya que los antiguos egipcios le llamaban simplemente rey). Seguidamente se encontraba un estamento superior formado por altos funcionarios y sacerdotes. Egipto será el único lugar del POA donde podemos encontrar una clase media, que además era extraordinariamente especializada. Y en la base de la pirámide, la población libre campesina: los fellan.

Crédito: Wikipedia Commons

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Ya en el Imperio Antiguo se observa como Egipto se convierte en un Estado fuertemente centralizado de arriba a abajo, esta seña, ya no desaparecerá jamás. Pero lo que diferencia Egipto del resto del POA (Mesopotamia, Anatolia y la franja Sirio-palestina) es la base de la pirámide. Mientras los demás Estados se caracterizaron por una evolución hacia sociedades mercantiles, Egipto, a lo largo de los siglos, fue una sociedad aplastantemente agraria y nunca ciudadana. Se trataba de una sociedad rural, en una tierra fértil pero poco poblada.

Como ya hemos comentado anteriormente la palabra Faraón, no es una palabra egipcia, pero su figura era una necesidad. Egipto-Estado-Faraón eran sinónimos. El faraón poseía el poder omnipresente sobre todo Egipto, era el dueño de todo el país, es más, Él era el país. El rey simbolizaba la unión del los dos Egiptos (Alto y Bajo). La simbología es doble pero está unida en una sola persona: el Faraón. Desde el principio de los tiempos, el faraón era dios, lo que quiere decir, que se trataba de un dios vivo, que tenía que ser el interlocutor constante con sus hermanos dioses para que jamás se alterase las crecidas del Nilo y el desierto se traguase Egipto. Se trataba de una fuerza bienhechora, encarnada en su figura. Se convertirá en la única garantía de que el Estado sobreviva. Como dios viviente cuando hablaba expresaba una voluntad divina, estaba creando. Su decisión era identificada con la prosperidad de Egipto. Tres conceptos o abstracciones aluden a la voluntad divina del faraón: “hou”, fuerza creadora, cuando el rey mandaba construir un canal, por ejemplo; “Sía”, comprensión, cuando el faraón ganaba una batalla y perdonaba la vida a los esclavos, por ejemplo; “Maat”, justicia real, concepto troncal de toda la mentalidad egipcia.

En un Estado teocrático, donde la administración civil y religiosa eran idénticas, el faraón garantizaba la prosperidad del país. Poseía todas las atribuciones, así como un papel predominantemente religioso, ya que se trataba de un dios viviente. La necesidad de mantener a los dioses contentos y la obligación de responder ante su pueblo le aseguraban el culto. El faraón será juzgado en medida a la protección y cuidado de sus súbditos.

Crédito: Photopin

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Los procedimientos judiciales se conocen a la perfección, todas las sentencias emanan del rey, al ser un sistema piramidal todo va de arriba a abajo, sin excepción. No existió la pena de muerte ni los castigos físicos hasta época tardía y por influencia de los códigos orientales. La justicia se centralizaba mediante los tribunales permanentes, uno de ellos en Tebas (Alto y Bajo Egipto), cada una de las cuarenta provincias poseía su tribunal con sus jueces y funcionarios. En un Estado territorial y centralizado, como Egipto, todos respondían ante la misma ley. El derecho estaba unificado. Tan sólo en época helenística existirán dos legislaciones, una para los greco-macedonios y otra para los egipcios. Esto fracturará el Estado y cambiará las instituciones egipcias.

Simplificando el sistema social egipcio era muy sencillo, el rey era el propietario del Estado, un Estado basado en una gran masa de hombres libres, donde la propiedad de la tierra, la vida, los súbditos… era del faraón. Sin embrago se trataba de un estado donde la proliferación de la propiedad privada fue aplastante. Un sistema muy burocratizado con infinidad de funcionarios, pero que a pesar de ello, se reveló como un Estado muy eficaz.

Pirámides de Giza Crédito: Wikipedia Commons

Pirámides de Giza
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Desde la Gran Casa o Palacio Real (sede del poder central de Egipto durante cuatro mil años) se emitían las órdenes del Estado. El rey tomaba todas las decisiones y dictaba las órdenes a sus ministros, que recibían el nombre de “jefes de los secretos”.  El Tati o visir era el funcionario de más alto rango después del faraón. Ostentaba el poder ejecutivo, se trataba de la persona más cercana al rey. Desde la dinastía XVIII (mediados del s. XVI a.C.) hubo dos visires, las exigencias burocráticas llevaron a la división de la magistratura, para aumentar su eficacia.

El nomo era la unidad administrativa básica de Egipto, en cuatro mil años no varió su número, fueron cuarenta nomos o provincias los que integraron la tierra del Nilo. Al frente de cada uno de ellos se encontraba el nomarca, alto funcionario con enormes responsabilidades, y que representaba al rey en las provincias. Será el encargado de restaurar los límites de las antiguas parcelas, borradas con cada nueva crecida del río. Establecerá el rendimiento agrícola de sus territorios y dirigirá la recaudación de impuestos, de los cuales rendía cuentas al faraón. Se trata de una pieza clave en las provincias, era los ojos y oídos del faraón en las mismas. Al frente de cada aldea se encontraba un alcalde, y al frente de cada distrito un consejo.

Escriba egipcio Crédito: Wikipedia Commons

Escriba egipcio
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Pero sin duda una de las figuras más importantes del sistema egipcio serán los escribas, aunque no hayan pasado a la historia como figuras relevantes, serán los verdaderos dueños de Egipto. Revestidos de gran autoridad, son los encargados de registrar cualquier transacción o intercambio comercial o cambio de propiedad. Eran la unidad básica del trabajo en palacio. Se encontraban en todos los rincones de la escala social y establecen las prestaciones de todos los hombres libres. Fundamentalmente los escribas realizaban un trabajo que garantizaba un sistema que maravilló a la antigüedad. Garantes del sistema tributario, consignaban cualquier cambio en la sociedad o movimiento patrimonial.

Se trataba de una sociedad distributiva con un sistema muy avanzado y eficaz. Se pagaba por todo en Egipto, y todo lo recaudado iba a parar a los almacenes reales, para luego ser distribuido. A su llegada a Egipto, los lágidas quedaron maravillados con el sistema tributario egipcio. Sin grandes cambios, los monarcas greco-macedonios, consiguieron uno de los mayores ejércitos de la antigüedad y recaudaron pingues beneficios.

Agricultura en el Antiguo Egipto Crédito: Wikipedia Commons

Agricultura en el Antiguo Egipto
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El vicio del sistema será lo lejos que queda la residencia real, y con ella el Faraón, de pueblo llano. Lo que provocará la extralimitación de los cargos públicos en sus funciones. Nomarcas y grandes sacerdotes egipcios feudalizarán el país, provocando la caída del Imperio Antiguo. El faraón les había eximido de pagar impuestos al estado. Y ellos se dedicarán a recaudar para sí mismos, haciendo hereditario su cargo. Debilitaron endémicamente el sistema, lo que provocará motines y pugnas entre las clases altas, en un inexorable avance hacia el fin del Imperio Antiguo.

Al reino le interesaba sustentar una estructura social basada en la familia. Los oficios pasan de padres a hijos hasta el reinado de Cleopatra. De ésta forma se garantiza la renovación automática. La asociación automática de los padres e hijos al oficio y a la tierra funcionó a la perfección. Como consecuencia se produce una clara definición de las estructuras sociales. La sociedad aparecerá articulada siempre de la misma manera. Se trataba de un sistema administrativo burocratizado con tendencia hereditaria que se trasmitía de padres a hijos. Lo que garantizó el recambio automático que renovó el sistema durante cuatro mil años.

Fuentes| Photopin

Bibliografía| Meler, D., Los albores de la civilización, 2013.

En colaboración con iHistoriArte| Dave Meler

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