Tras la mañana del naufragio el capitán Cuéllar inició un peregrinaje por la isla de Irlanda digno de cualquier película de Hollywood.

Francisco de CuellarFrancisco de Cuéllar despojado de todas sus pertenencias hasta quedar como su madre lo trajo al mundo, malherido tras varios altercados con los lugareños y los soldados ingleses que se dedicaron a dar buena cuenta de los nuestros tras los naufragios. Malviviendo entre los matorrales y refugios improvisados tuvo que alimentarse a base de bayas y berros, Pero no todo fueron enemigos en tierras celtas, allí también había enemigos de los ingleses que ayudaron a los nuestros. Como el señor R. O´Rourke quien dio cobijo a los nuestros y acabó siendo ajusticiado por ello. En el Condado de Leitrim pudo recuperarse de sus heridas junto a unos pocos afortunados. Incapaz de seguir el ritmo de sus compañeros de huida fue abandonado varias veces, para su fortuna, ya que la mayor parte de sus compañeros de penurias fueron ajusticiados poco después o naufragaron perdiendo la vida en la mar posteriormente. Pero el capítulo más reseñable de todas esta fantástica historia es su paso por las tierras de los MacClancy, en noviembre de 1588,  donde junto a otros ocho españoles defendieron en solitario el fuerte de Rossclogher.

Y tras diecisiete días de asedio inglés salieron victoriosos.

…el señor se retiró á la montaña, donde ya era ida toda su gente, y luego pasó la palabra por toda la tierra como el castillo de Manglana MacClancy estaba puesto en defensa y en no darse al enemigo, porque le guardaba un capitán español con otros españoles que dentro del estaban…  […]Diez y siete días nos tuvo sitiados: nuestro señor fue servido ayudarnos y librarnos de aquel enemigo con malos temporales y grandes nieves que sobrevinieron de tal suerte, que le fue forzoso levantarse con su gente y caminar la vuelta de Duplin Dublin, donde tenía su asiento y presidios, y desde allí nos envió amenazar que nos guardásemos de sus manos y no venir á su poder, y que él daría la vuelta en buen tiempo por aquella tierra.

Pasada la Navidad de 1588 el capitán Cuéllar tomaría rumbo a Escocia con la ayuda del obispo D. Redmond O´Gallagher, donde posteriormente con la ayuda de un comerciante flamenco alcanzaría la costa de Dunkerque, no sin penurias, y aún tardaría seis meses más en llegar a España desde Flandes.

“Quiso Dios que de cuatro bajeles en que veníamos, se escaparon los dos y embistieron en tierra donde se rompieron é hicieron pedazos, y el enemigo viendo el remedio que tomábamos nos dio una buena carga de artillería, de suerte que nos fue forzoso echarnos á nado y pensamos acabar allí. Del puerto de Dunquerque no nos podían socorrer con las barcas, pues el enemigo las cañoneaba vivamente; por otra parte había mucha mar y viento, de suerte que nos vimos en grandísimo aprieto de perdernos todos; con todo nos echamos á nado sobre maderos y ahogáronse algunos soldados y un capitán escocés. Yo salí en tierra en camisa sin otro género de ropa y me vinieron á socorrer unos soldados de Medina que allí estaban. Fue lástima vernos entrar en la villa otra vez desnudos en carnes y por otra parte veíamos como á nuestros ojos estaban haciendo mil pedazos los holandeses á 270 españoles que venían en la nao que allí en Dunquerque nos tomaron sin que dejasen con vida á más de tres, lo cual ya ellos van pagando, pues han degollado más de 400 holandeses que han cogido después acá. Esto he querido escribir á V. m.”

El barco de Cuéllar no fue la única víctima de la Gran Tormenta del 21 de septiembre de 1588 en las costas irlandesas.
Francisco de Cuéllar

Crédito: W. Commmons

Entre sus agrestes acantilados y bellas costas de Irlanda late la leyenda de otros pecios españoles.  El Gran Grin que fue empujado por el temporal embarrancando frente a la isla de Clare. Más de 200 hombres se ahogaron, mientras que el centenar que sobrevivieron, comandados por Don Pedro de Mendoza, se convirtieron en prisioneros de D. Roe O’Malley. Al sur de los acantilados de Moher, la llamada en gaélico Tuama na Spainteach (“la tumba de los españoles”), donde la tradición asegura están enterrados los náufragos del naufragio del San Esteban y el San Marcos, ajusticiados sin clemencia por Boetius Clancy, representante de la corona inglesa en Clare. O en el Condado de Kerry, escenario de la lucha contra los elementos del San Juan de Portugal comandado por Juan Martínez de Recalde y el San Juan Bautista bajo las órdenes de Marcos de Aramburu. Los cuales sobrevivieron a la galerna del 21 de septiembre y lograron volver a España. Menos fortuna tuvieron el San Juan de Fernando Horra y el Santa María de la Rosa. Este último, según Aramburu, “se hundió con toda la gente, sin que escapase persona ninguna” y que daría origen a una de las leyendas más fabulosas relacionadas con la Armada: el fabuloso tesoro del Santa María. Todavía hoy contado en los pub irlandeses.

Ahora sabemos que el capitán Francisco de Cuéllar en 1581 estuvo en las jornadas bélicas de Portugal, viajó al Estrecho de Magallanes y Brasil entre 1581 y 1584. Después durante 10 años a partir de 1589, sirvió en Flandes a las órdenes de Alejandro de Farnesio, duque de Parma, y el archiduque Alberto. Luchó en Francia, en Italia, en la guerra de Piamonte y Saboya. En 1600 se encontraba en Nápoles a las órdenes del virrey Lemos. Un año (1601-1602) más tarde viajó a las islas de Barlovento (Las Antillas) y a tierra firme por la plata americana.

Autor | Dave Meler

Fuentes y Bibliografía | de Cuéllar, F., Carta de uno que fue en la Armada de Inglaterra y cuenta la jornada, La Real Academia de la Historia. Colección Salazar, número. 7, folio. 58. García Hernan, E., Obispos Irlandeses y La monarquía Hispánica del siglo XVI, Los extranjeros en la España Moderna, Actas del I Coloquio Internacional Tomo II. Girón Pascual, R., El Capitán Francisco de Cuéllar antes y después de la jornada de Inglaterra, Actas de la XI Reunión científica de la Fundación Española de Historia Moderna, Volumen II.

Imágenes | W. Commons

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