Marinetti

Marinetti
(Imagen: Wikimedia Commons)

Cuando hablamos de vanguardias en el mundo del arte nos referimos a distintas manifestaciones artísticas que se desarrollan en el mundo occidental a principios del siglo XX de forma muy rápida (incluso solapándose en el tiempo) y que intentan acabar con los cánones artísticos tradicionales y anteriores con un marcado carácter de protesta.

Éstas expresan sus principios (tanto ideológicos como formales) y forma de ver el mundo a través de unos escritos conocidos como “manifiestos”. Son formas literarias que se pueden considerar como fuentes primarias y que complementan su función con panfletos, entrevistas o exposiciones. A través de estos manifiestos se pueden constatar distintas formas de comprender el contexto del momento en el que se desarrollan las diferentes vanguardias.

Una de las primeras vanguardias es el futurismo, que se desarrolla entre 1909 y 1918. Sus manifiestos fueron redactados por Filippo Tommaso Marinetti (1876-1944), quien publica el “Primer Manifiesto Futurista” en el periódico francés “Le Figaro” el 20 de febrero de 1909 y el “Segundo Manifiesto Futurista” el 11 de octubre de 1911.

En sus escritos, Marinetti ensalza el patriotismo y el nacionalismo, el anticlericalismo, el olvido del pasado y la tradición, la exaltación del presente y el futuro y la veneración de las máquinas y el movimiento (esta importancia de la maquinaria y el progreso se relaciona también con los dos focos iniciales más importantes del futurismo: las ciudades italianas de Milán y Turín). Se trata de textos muy directos con un vocabulario muy sencillo que tratan de vincular la política con el arte. Es notable, como lo será en muchas vanguardias, su intención o espíritu revolucionario, cuyo origen se encuentra en las revoluciones que sacuden Europa en el siglo XIX. Es con esta actitud como se intenta destruir lo tradicional y lo establecido hasta entonces, sobre todo por las Academias decimonónicas de arte.

Manifiesto dadaísta

Manifiesto Dadaísta, Tristan Tzara

Por otra parte destaca el cubismo, una opción artística que presenta una nueva forma de arte que acaba, sobre todo, con la visión en perspectiva tradicional estableciendo una perspectiva nueva en la que los objetos en tres dimensiones son representados en un plano de dos dimensiones desde distintos puntos de vista de un modo geométrico. Se trata de una visión conceptual de los objetos que intenta mostrar su esencia, no imitar la naturaleza o la realidad.

El cubismo es explicado a través de manifiestos escritos por Guillaume Apollinaire, Jean Metzinger, Albert Gleizes, André Salmon o Juan Gris. Pero sus principales representantes serán los artistas Pablo Ruiz Picasso y Georges Braque.

El dadaísmo es proclamado, a través de sus manifiestos, como un estado de ánimo y un gesto que, al intentar acabar con toda la forma de arte tradicional y el racionalismo imperante hasta entonces, es considerado como un verdadero “anti-arte”. Nace en el Cabaret Voltaire de Zúrich, Suiza (hay que recordar que por entonces era un país neutral), en 1916 como una forma de expresar el desencanto que había producido en los artistas el ambiente de la Primera Guerra Mundial en Europa.

Destacan los manifiestos dadaístas de Tristan Tzara (1896-1963) que eran leídos en sesiones públicas y pretendían escandalizar a los espectadores y crear en ellos una crisis que les hiciera reflexionar.

Tras la Primera Guerra Mundial, los artistas más representativos del dadaísmo se trasladan a otros puntos de Europa y así se extiende el dadaísmo por otros puntos como Alemania y Francia. En Alemania se conocen los principios del dadaísmo de la mano de Richard Hülsenbeck y sus discursos, y se trata de un dadaísmo muy unido a la política, que además introduce nuevas técnicas (como el fotomontaje) y materiales en el arte y critica otros movimientos como el impresionismo, el futurismo o el cubismo.

André Breton

André Breton

El surrealismo nace del dadaísmo, con el que tiene una compleja relación. Los surrealistas investigan las posibilidades del automatismo y de los sueños, siendo inspirados los manifiestos de Breton por los trabajos de Freud. Alaban la infancia y la locura, a la vez que critican el sometimiento de la experiencia a ciertas limitaciones. Lo importante para el surrealismo es la imaginación y la libertad de ésta.

Aunque las artes plásticas eran de segunda importancia para el surrealismo, cuyos principales intereses eran la poesía, la filosofía y la política, fue realmente a través del arte como el surrealismo pudo ser conocido por un mayor número de gente.

Bibliografía| CHIPP, H.B. (1995); Teorías del arte contemporáneo; Akal. MICHELI, M. (2006); Las vanguardias artísticas del siglo XX; Alianza Editorial. STANGOS, N.; Conceptos de arte moderno; Alianza Editorial