Cuando pensamos en arte solemos pensar en las obras ya realizadas, pero la verdad es que se debe pensar sobre el arte a un doble nivel: el teórico, punto de partida de todo proceso creativo, y el práctico. Es por ello común encontrar a lo largo de la historia del arte (desde la Antigüedad hasta nuestros días) diversos escritos en los que los artistas plasman sus reflexiones teóricas. En relación a esto destaca la intención de los artistas desde el Renacimiento de que su trabajo se considerara un trabajo no sólo artesanal, sino intelectual, relacionando su quehacer con el “Trivium” (gramática, retórica y dialéctica) y el “Quadrivium” (aritmética, geometría, astronomía y música), disciplinas consideradas artes liberales y no mecánicas.
Así, los tratados artísticos se convirtieron en un punto de partida para la explicación de las Bellas Artes y su aprendizaje. Se trata de codificar los conocimientos técnicos y teóricos de uno o varios artistas. Además, son documentos útiles para comprender mejor ciertas obras y los códigos seguidos para su realización y con una clara función pedagógica: el artista no sólo debía formarse practicando, sino también conociendo los principios constructivos y técnicos propios de su arte.
El Renacimiento, siempre queriendo vincularse con la Antigüedad, es un periodo de auge en la aparición de este tipo de escritos y su difusión gracias a la aparición de la imprenta, al igual que la Ilustración.
Los tratados artísticos suelen estar formados por dos partes: una literaria, la escrita, y otra dibujada (por medio de xilografías o calcografías) que servía para explicar gráficamente la anterior; pero lo cierto es que algunos (como el de Vitruvio) carecieron de la parte dibujada, dificultando ciertas interpretaciones o haciendo posible varias opciones.
Por lo tanto, podemos decir que los tratados artísticos tienen una triple función: didáctica, porque sirven para la formación del artista; teórica, por su carácter humanístico; y práctica, pues estaban dirigidos a aquellos que producen las obras. Por ello es obvio que se les exige una gran claridad expositiva, con un lenguaje sencillo y directo, y una sistematización de los conocimientos que debían exponerse metódicamente, de los temas más generales a los más concretos. Estas características vinculan a los tratados con otra forma literaria de la Antigüedad, la retórica, que además formaba parte del “trívium” y que por ello servía como forma de exaltación de la intelectualidad de los artistas.

Vitruvio, De architectura

Quizás uno de los tratados más importantes de la historia del arte sea el tratado de arquitectura escrito por Vitruvio en tiempos de Julio César y Augusto y descubierto en el Quattrocento. En “De architectura”, una obra dividida en diez libros o tomos, Vitruvio defiende que la arquitectura se basa en tres principios que deben estar equilibrados: “venustas” o belleza, “firmitas” o firmeza y “utilitas” o utilidad. Su estructura es algo compleja, pero podemos decir que en el primer libro Vitruvio define la arquitectura y habla sobre la ubicación de los edificios, que debe ser en lugares sanos; en el segundo habla de los materiales constructivos; en el tercero y en el cuarto, de los templos, centrándose en el último en los órdenes arquitectónicos; en el quinto habla de distintas tipologías de edificios; en el sexto, de las viviendas particulares; en el séptimo define distintas técnicas artísticas; en el octavo se centra en la hidráulica; en el noveno habla de la esfera y los relojes; y, por último, el décimo se centra en la mecánica. Debido a esta estructura es lógico pensar que para Vitruvio, el arquitecto debía ser un humanista, alguien versado en distintas temáticas, algo muy relacionado con la visión del artista en el Renacimiento.

Ya en el Quattrocento destaca Alberti, artista prototípico del Renacimiento al ser su actividad tanto teórica como práctica. Sus tres libros principales son “De pictura” (en torno a 1435), “De statua” (1436) y “De re aedificatoria” (datado en 1452 e inspirado en gran parte por la obra de Vitruvio), pero también es destacable su descripción de la ciudad de Roma, “Descriptio Urbis Romae”, en la que intentó una reconstrucción arqueológica de la conocida como “ciudad eterna”.

Leonardo da Vinci, Trattato della pittura

Junto a “De pictura” destaca otro tratado dedicado a este arte, el “Trattato della Pittura” de Leonardo da Vinci. En él, este gran genio trata temas como la anatomía o la perspectiva, la luz o las relaciones entre arte y ciencia. Realmente se piensa que esta obra fue una compilación realizada por Francesco Melzi de diversos escritos de Leonardo realizada tras su muerte. Lo más notable de la obra es que trata de la capacidad de representar la naturaleza a través de la observación profunda de la misma.

Por otra parte, volviendo a la arquitectura, destaca el tratado de Antonio di Pietro Averlino, más conocido como “Il Filarete”, que se divide en 25 volúmenes a modo de diálogo entre un príncipe y un arquitecto. En él destaca su diseño de “Sforzinda”, una ciudad imaginaria perfecta.

Un tercer tratado renacentista sobre arquitectura es el escrito por Francesco di Giorgio Martini. Defiende el carácter antropomórfico de la arquitectura y define así un canon basado en el cuerpo humano y sus proporciones, pero lo que es realmente importante en su obra es su aportación a la ingeniería militar.

Ya en el siglo XVI destacan otros tres tratados arquitectónicos que pueden ser considerados como manieristas: los de Serlio, Vignola y Palladio.

El tratado arquitectónico de Serlio es fundamentalmente práctico, pues destaca su gran cantidad de ilustraciones o xilografías de gran calidad. En él defiende ciertos fundamentos científicos necesarios para la construcción de edificios y define distintas tipologías arquitectónicas a través de ejemplos reales y no imaginados, como era frecuente hasta entonces. Por otra parte, habla tanto de los órdenes arquitectónicos como de los templos o de la arquitectura militar. Podemos decir, por lo tanto, que es uno de los tratados más completos de los que hemos hablado hasta ahora.

Traducción al castellano del tratado de Vignola

En 1562, Jacopo Vignola publica su “Regla de los cinco órdenes arquitectónicos”, un libro práctico en el que las láminas superan a las descripciones. En él, codifica el uso de los cinco órdenes (dórico, jónico, corintio, toscano y compuesto) y basa la arquitectura en las relaciones entre el pedestal, la columna y el entablamento. Se asemeja al tratado de Alberti, pero está más adecuado a la época, dando incluso paso al arte barroco.

Por último, Palladio escribirá sus “Cuatro libros de la arquitectura” en 1570. En ellos destaca su pragmatismo, la creación y definición de distintas tipologías basadas en su propia experiencia, destacando los palacios y villas suburbanas, y el análisis de distintos templos de época grecorromana. Quizás lo más significativo en el pensamiento de Palladio sea que concede un lugar fundamental a la columna y que crea lo que él denominó el “tramo rítmico”, una asociación arco / arquitrabe, vano / macizo y dos tamaños de columnas distintos.

Termina así un repaso por algunos de los tratados teóricos de mayor importancia en el arte de la Edad Moderna.

BIBLIOGRAFÍA:

– VV.AA, La construcción historiográfica del arte, Ed. Ramón Areces, 2012

– Vitruvio, Los diez libros de arquitectura, Alianza Editorial