«La felicidad humana generalmente no se logra con golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días». Benjamin Franklin

Esas pequeñas cosas que han ido ocurriendo todos los días en Ademuz, y en las aldeas de Val de Sabina, Más del Olmo y Sesga que acompañan a la capital de la comarca del Rincón de Ademuz, a lo largo de cientos y cientos de años, se han ido transformado, casi de manera inadvertida, en un rico Patrimonio Etnológico que le valió el prestigioso Premio Europa Nostra en 2011.

Cubo de José el Maroto donde se observa la elaboración del vino

Cubo de José el Maroto donde se observa la elaboración del vino

Visitar Ademuz es volver sobre los pasos de quien desea salvaguardar la memoria de un lugar y mantenerla viva, atesorarla sin fisuras como un maravilloso tesoro que se desea proteger y compartir a la vez. Esta gran obra de amor cargada de respeto ha hecho posible que puedan disfrutarse rincones cargados de la historia cotidiana de su día a día y de increíbles rutas por una naturaleza que ha sabido esperar su momento. Un momento que sobrecoge, que despierta tus sentidos…que sorprende.

Los distintos recorridos etnográficos que nos ofrece este pequeño y singular paraíso, que parece encontrarse «en tierra de nadie», recuerda la sencillez y la fortaleza de los trabajos honrados con los que  nuestros antepasados de los siglos XIII y XIV supieron enriquecer esta comarca. Reflejo de aquellos oficios son el Museo del Pan en Mas del Olmo donde se ha rescatado el tradicional método de la elaboración del pan en lo que era un horno comunal que abastecía a toda la zona. Horno, herramientas y utensilios propios son expuestos con la sencillez de la tradición.

Molino de la Villa y Tourist Info Ademúz

Molino de la Villa y Tourist Info Ademúz

De igual modo te cuentan cómo y de qué manera llevaban a cabo sus faenas los molineros en el Molino de la Vila, construcción medieval rehabilitada además como Tourist Info en Ademuz  y que nos muestran en su Centro de Interpretación cómo el agua fue el principal protagonista de importantes complejos hidráulicos como el de Sesga y de cómo hoy podemos apreciarlo por los diferentes recorridos de estas aldeas donde encontramos batanes, lavaderos y fuentes.

En un letargo, como extraído de el libro de «El Camino» de Miguel Delibes, despiertan en la era digital, los pizarrines, los pupitres, los ábacos y la mesa del maestro. Resuenan las preguntas de muchachos queriendo despertar a la vida en las escuelas de Sesga y Mas del Olmo que han sido recuperadas tal y como se hacía buen uso de ellas a finales del siglo XX. El cirujano-barbero es otro personaje más que parece sacado del libro del novelista vallisoletano. Sus utensilios y enseres parecen estar esperando cobrar la iguala ( el cánon a pagar por sus servicios) en la barbería de Sesga. 

Ermita Virgen de la Huerta

Ermita Virgen de la Huerta

La mágica historia de Ademuz no solo se vive en sus calles de piedra seca y balconadas de construcción propia y artesanal. No solo se percibe en sus obras civiles como el Horno de Arriba o los hornos de yeso y La Tejería o en su arquitectura religiosa como en sus ermitas  y la Iglesia Arciprestal de San Pedro y San Pablo. 

La puedes ir descubriendo mientras escuchas el agua corretear por la Ruta del río Bohilgues que se presenta llena de vida ya en su comienzo, a los pies de la Fuente Vieja o de los Siete Caños de Ademuz. Un recorrido que explota a la vida rodeado de agua, campos de manzanos y chopos que invitan a la serenidad cruzando los puentes y adentrándrose en un bosque vestido de violetas, álamos, sauces y una infinita flora que ha hecho de esta ruta, perfectamente señalizada,  Lugar de Interés Comunitario. 

016 cascada bohilgues

Cascada del Río Bohilgues

Puedes asomarte a la naturaleza desde varias de sus rutas; la Ruta del Turia señalizada como PR-V 131.5 o la Ruta de la Piedra que une Val de Sabina con Sesga donde reconocerás al instante las pequeñas construcciones de piedra seca de barracas de agricultores y pastores que en los días de tormenta buscaban dónde cobijarse.

En este rincón infinito, como un regalo de la madre naturaleza que siempre sabe porqué hace las cosas, descubrimos un enclave excepcional; el Parque Natural de la Pobla de San Miguel donde se encuentra la única reserva de Sabinas Milenarias de Europa que son protagonistas de la Ruta Interpretativa «Sabinas, testigos del tiempo» que se realiza dentro del mismo Parque Natural junto con otras Rutas Interpretativas.

Y como una pequeña joya esperando su momento de máximo esplendor en el cerro de La Celadilla se encuentra uno de los yacimientos íberos con más personalidad. En este poblado del siglo IV a.C. están siendo descubiertos importantes piezas no sólo de materiales de aquellas vidas que una vez poblaron estas viviendas, sino restos tanto humanos como de animales, siendo éstos últimos hallazgos únicos en este tipo de yacimientos, lo que hace de éste poblado íbero algo tremendamente insólito y excepcional.

Manzana Esperiega producto autóctono

Manzana Esperiega producto autóctono

En palabras del propio Miguel Delibes al hablar de su obra: «Cuando escribí mi novela El camino, donde un muchachito, Daniel el Mochuelo, se resiste a abandonar la vida comunitaria de la pequeña villa para integrarse en el rebaño de la gran ciudad, algunos me tacharon de reaccionario. No querían admitir que a lo que renunciaba Daniel el Mochuelo era a convertirse en cómplice de un progreso de dorada apariencia pero absolutamente irracional».

Sin duda hay que «Llegar para conocer. Conocer para respetar»