General CUster

Fotografía del general Custer en la academia de West Point

¿Quién le iba a decir a un «chicarrón» de pelo rojizo cuando andaba rebuscando carbón junto a su medio hermano -para poder pagar su manutención-,  que iba a ser uno de los generales más estudiados de todos los tiempos?

Me refiero claro está a  George Armstrong Custer. Un joven de  infancia no muy bien avenida como se ha podido apreciar, que se graduó en  la academia militar en 1861 en el puesto número 34 de su promoción. –buen puesto, pensarán. Pues no, porque sólo había 34 aspirantes-Pero como corrían malos tiempos para la jerarquía militar, le ofrecieron su primer destino como segundo teniente de la segunda caballería. Y así comenzó su carrera militar, escalando poco a poco hasta obtener distintas graduaciones. Entre su mal genio, sus «affaires» amorosos y alguna que otra trastada, su carrera militar no fue todo lo brillante que debiera. Aunque se ha llegado a decir que nunca llegó al grado de general, ese dato no es del todo cierto. En 1863 llegó a ser general de brigada de voluntarios. Pero en el presente articulo nos centraremos en los hechos que dan nombre al artículo en ese funesto 25 de Junio de 1876.

Sabías que… el día de la muerte de Custer se conmemoraban los 100 años de historia del nacimiento de los EEUU, para más inri.

Colono buscando oro

Colono buscando oro

El asunto de la fiebre del oro se había desmadrado un poco y colonos, cada vez más, se apresuraban a instalarse en las llanuras donde las tribus indias vivían pacíficamente. Esto suponía un problema para el progreso económico del país. El 23º presidente americano llegó a declarár “No quiero a ningún indio pululando cerca de mis colonos”  y como solución «invitaría» a los nativos americanos a hacinarse en reservas. La respuesta de las tribus indígenas no se hizo esperar, las únicas reservas que estaban dispuestos a aceptar eran las de filete de búfalo, y estaban dispuestos a combatir por ello.

Como el “entendimiento” entre ambas partes  no  avanzaba, se decidió mandar al séptimo de caballería a apaciguar la zona y a agrupar a todo hijo de india que estuviese aislado. Tras varias incursiones fallidas por las inclemencias del  tiempo, el general Terry decidió darle protagonismo a Custer , en lo que se presuponía una incursión sencilla. “Cabellos largos”- así lo llamaban los indios- dividió su batallón en tres: el del mayor Reno con la intención de atravesar el río Little big horn –que posteriormente dará nombre de la batalla-, el del capitán Benteen en la retaguardia y el suyo propio para atacar el poblado indio divisado por sus exploradores indios.

La división de fuerzas resultó ser un verdadero fracaso. Las tropas del mayor Reno fueron repelidas con salvas de disparos, obligando a los soldados a refugiarse en una arboleda cercana. Mientras discutían que decisión tomar  sus dos oficiales de mayor rango fueron abatidos, ante lo que el mayor pensó. ¡Pies para qué os quiero! Los guerreros indios sólo debían esperar  a que el hombre blanco corriese por las praderas para disparar –parecido a un puesto de feria pero sin la mira torcida-. El mayor Reno logró reunirse con el capitán Benteen, y en lugar de acudir en ayuda de Custer, al que acosaban los disparos, ambos oficiales decidieron esperar al considerar que el ex -general disponía de fuerzas suficientes para repeler al enemigo. ‘Un noble gesto de valentía por su parte’.

La batalla se torcía cada vez más para las tropas de “cabellos largos” y, tras el fracaso de la división de efectivos, Custer decidió buscar un puesto elevado para defenderse con sus 210 hombres. La historia la denominará “la colina de la resistencia final”. –Bonito nombre para una colina, ¿no creen?-. Abatieron  a los caballos con sus carabinas para que sirvieran de parapeto junto a la humareda de los disparos. Los indios, que en esto de guerrear tenían un master, disparaban miles de flechas al aire para que cayesen empicado. Mientras el enemigo se veía obligado a resguardarse, ellos avanzabaron terreno hasta toparse de frente con los hombres de Custer. El resultado fue una cruenta matanza en la que no hubo supervivientes -¿seguro?-  La batalla duró unas dos horas y cuando los refuerzos  llegaron –pasados dos días-  sólo encontraron los trozos mutilados  de los cuerpos de los integrantes del séptimo de caballería.

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Hasta aquí lo más granado de la historia, pero lo que pocos lectores saben es lo que se relata a continuación:

Todo lo que se ha contado son testimonios proveniente de los indios que participaron en la batalla, –y ya se sabe que la ‘historia’ del ganador a veces difiere de la realidad,  pregunten sino  a los indios americanos la historia de Cristobal Colón- y es así porque según las crónicas, no hubo ningún superviviente americano. Aunque ha habido varios conatos de relatos que hablan de ello -¿mito o realidad?-. Se cree que un cabo –un tal John- logró huir montado a lomos de su caballo. Los indios observaron que se escapaba pero les convenía que se supiera  lo que allí estaba ocurriendo ,por lo que lo dejaron marchar. El caso es que presa del pánico  y creyéndose capturado se pegó un tiro en la cabeza y ahí acabó su aventura.-Si es que no somos nadie…-.

Otro atisbo de supervivencia lo narraría uno de los indios que participó en la contienda. Antes de que finalizara la batalla, tres jinetes,-uno de ellos  vestido de blanco- lograron escapar. Un grupo de hombres de “Toro sentado” les dio caza y les conminaron a que volvieran a la refriega. Según este testimonio uno de ellos se rebeló y al ser golpeado su sombrero caería al suelo dejando ver su rostro: ¡Era el mismísimo Armstrong Custer! – De ser cierto el testimonio no deja al general en buen lugar-.

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Aunque uno de acontecimientos  que más llamó la atención a este humilde escritor fue la difusión que un periodista hizo sobre Frank Finkel. Un soldado del batallón de Custer que logró huir de la batalla tras recibir un disparo que le rozó la frente. El caballo se asustó y cabalgó como alma que lleva el diablo. La sangre que le manaba –siempre según el relato del entrevistado- le impedía la visión y hasta pasado un tiempo interminable no supo que estaba fuera de peligro y lejos del campo de batalla.  –Al que os informa le parece la versión demasiada poética, no obstante se ha demostrado que relató hechos que sólo se podría haber sabido  si se estuvo en el lugar y tiempo adecuado-. Si de verdad estuvo allí o en realidad fue la transmisión de testimonios dados por indios que él logró adquirir, nunca se sabrá. Lo que sí se puede afirmar a ciencia cierta, es que del único superviviente  de la masacre fue un caballo llamado ‘Comanche’,  que fue encontrado en el lugar de los hechos dos días después con siete flechas clavadas en el costado. Fue trasladado a Fort Lincoln donde se le concedió el título de comandante 2º. Y es que humildemente creo que se salvó porque era el único soldado de Custer que no llevaba las botas puestas.

Saludos y recuerden que toda historia contada siempre, siempre ha de ser contrastada.

Fuentes| civilwarhistoryelpaisasociacioncaballarlamatina, Documental: El último hombre de Custer. Canal historia.