El Duque de Lerma: El Gran ‘Valido’

Corrupción y Desmoralización en la España del siglo XVII

 

Retrato ecuestre de Lerma Crédito: Wikipedia Commons

Retrato ecuestre de Lerma
Crédito: Wikipedia Commons

Frente al esplendor del siglo XVI, el XVII será considerado históricamente un siglo de crisis y corrupción. Y «el caso español», como no podía ser de otra manera, será el ejemplo de decadencia sin paliativos: decadencia política, pérdida de la hegemonía hispánica en el mundo y crisis económica.

La figura del ‘valido’ –el preferido del rey–, supone el acceso de la nobleza al gobierno personalista de etapas anteriores. Todo esto quedará reflejado en las figuras del Duque de Lerma y Olivares. Para Thomson Lerma representa la reacción de la aristocracia frente a la apuesta por la figura del monarca que supone Olivares. La Corte había quedado asentada con Felipe II, pero será durante los reinados del siglo XVII cuando se convierta en una verdadera maquinaria de poder.

Duque de Lerma Crédito: Wikipedia Commons

Duque de Lerma
Crédito: Wikipedia Commons

Don Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, V Marqués de Denia y duque de Lerma, nació en 1553 y llegó a ser el español más poderoso de su época. ‘Valido’ y hombre de confianza de Felipe III. Aprovechó su posición para gobernar a su antojo los designios de España. Tradicionalmente se ha hecho hincapié en que su gobierno fue una etapa de corrupción, tanto suya como de sus más allegados.

Nació en el seno de una familia fiel al servicio de la Corona, pero, sin recursos económicos –tras haber caído en desgracia al brindar su apoyo a los Trastámara en las luchas dinásticas que caracterizaron la Península en el siglo XV, durante el reinado de Juan II de Castilla–. Se convertirá en la cabeza visible de toda una red de inmoralidad y corrupción, que aprovechará para enriquecerse sin límites. Su gestión se caracterizará por: el tráfico de influencias, el nepotismo y la perversión política que superará cualquier límite justificable.

Inició su carrera en la Corte a los 13 años, al servicio de Felipe II, como merino del príncipe. Para después quedar al servicio de la reina Isabel. Tras la muerte de su padre se hará con el control de la Casa Sandoval y casará con la hija del duque de Medinaceli. Iniciando así una política de alianzas matrimoniales con grandes familias que reforzase su posición. Llegará a ser nombrado ‘gentil hombre de la cámara del príncipe’, el futuro Felipe III.

El monarca era consciente de que el destino de su hijo iba a ser «no el de gobernar sino el de ser gobernado» por uno de sus favoritos. Por lo que decidió rodearlo de aquellos ministros que mejor le habían servido, en un vano intento de que al menos el gobierno del Reino estuviera en las mejores manos posibles. Viendo la peligrosa influencia que ejercía el duque sobre su hijo, Felipe II le nombra virrey de Valencia. En un vano intento de alejar su influencia del príncipe. Sin embargo el duque de Lerma consiguió desplazarlos a todos.

Una vez que Felipe III acceda al trono, en 1598, será nombrado por el nuevo monarca ‘sumiller de corps’ y caballerizo real. En detrimento de Cristóbal de Moura, ministro de Felipe II, enviado a Portugal. Lo que le permite controlar cualquier acceso a al rey así como todos sus movimientos. Aprovechando el ceremonial oscuro de los Austrias, que mostraba a Felipe III como una figura inaccesible, se convertirá en el intermediario entre el monarca y los Consejos. Acumulará oficios, controla los negocios y filtra los contactos del rey. Creará una red clientelar a su persona introduciendo, en primer lugar, a parientes y miembros de su linaje y, posteriormente, a amigos y empleados suyos en puestos administrativos que le permitirá el control absoluto de la Corte a través de lo que se denominan «sus hechuras«. Y por último a miembros repescados del gobierno anterior -Juan de Idiákez, Pedro Franqueza, Alonso Ramírez de Prado o Rodrigo Calderón-. Estos últimos figuras clave en el proceso de corrupción política de su gobierno. El nuevo Valido recibirá importantes regalos del monarca, y se hará con el control de múltiples oficios y regidurías de ciudades con voto en las Cortes. Se habla de que llegó a acumular rentas por valor de 3 millones de ducados. La Corte se convierte en un inmenso mercado de compra-venta de favores y sobornos. Su poder es tal que es capaz de trasladar la Corte a Valladolid, para alejar al monarca de cualquier influencia en contra de su persona.

La detención y enjuiciamiento de algunos de sus más allegados colaboradores provocará la progresiva decadencia del Valido así como la desconfianza general en su persona. Esta situación lleva en 1612 a establecer, por parte de Felipe III, la ‘Delegación de Firma’- el rey otorga el poder de firmar en su nombre al valido ante los Consejos- en un vano intento de reafirmar el poder del duque.

Pero la situación cada vez se hace más insostenible para Lerma. Agobiado por los escándalos y atormentado por acumular riquezas y conseguir el perdón de Dios. El momento culminante de su bipolaridad psíquica tendrá lugar cuando acceda al capelo cardenalicio en 1618 para evitar ser juzgado. Su condición de cardenal le obliga a abandonar sus oficios en la Corte. ¿Abandona o es Felipe III quien lo echa?

Finalmente será enjuiciado por Felipe IV en 1622. Se le confiscan gran parte de sus bienes, morirá sólo, arruinado y apartado de la Corte en 1625 en Valladolid.

 

Bibliografía| Alfredo Ezquerra, El duque de Lerma La esfera de los Libros, Madrid, 2010.

Antonio Feros, El duque de Lerma, Marcial Pons, Madrid, 2002.

Patrick Williams, El gran Valido, Junta de Castilla y León, 2010

En colaboración con iHistoriArte| Dave Meler

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