Un paseo por la historia de este arte de la simbología

El arte del jardín japonés surge de la necesidad cultural del pueblo japonés, de estar en contacto con la naturaleza. A diferencia de los jardines occidentales, donde se seleccionan y organizan los elementos naturales en estructuras mentales ajenas a su forma espontánea. Su función es la de recrear un espacio o pasaje natural.

Evolución histórica del jardín japonés
Aunque en la prehistoria japonesa no encontramos vestigios de jardines como tal, si es cierto que observamos el nacimiento de elementos que luego estarán presentes en éstos. Destaca la importancia de las rocas, los cantos rodados, el respeto infinito por los elementos naturales, muy vinculados con el sintoísmo.
Las primeras noticias sobre jardines japoneses están recogidas en la milenaria obra Nihon Shoki (720 d.C.), aunque no existen vestigios de estos primigenios jardines. La obra, no nos los describe, pero constata la existencia de los mismos. Las fuentes historiográficas, unido a las excavaciones arqueológicas, nos muestran un jardín panorámico con presencia de lagos, muy vinculados a los mitos taoístas. Pertenecientes a las clases altas de la sociedad, a la familia imperial y su corte. Son elementos de recreo, cuya función es el deleite y disfrute de estas gentes.
El período Heian (794-1192 d.C.) marca la personalidad japonesa en todas sus artes, esto se ve sobre todo en el jardín. Se trata de un período muy prolífico para las artes, bajo el mecenazgo de la familia Fujiwara.
Ilustración del Genji Monogatari
Crédito: Wikipedia Commons
Aunque no existen ejemplos reales, se conocen bastante bien sus características gracias a las amplias fuentes escritas que se conservan. Destaca el Sakuteiki, el primer manual de jardinería japonesa, redactado en la segunda mitad del siglo XI, por Tachibana no Toshitsune, de la familia Fujiwara. En él se recoge toda la tradición anterior transmitida de forma oral por los monjes y aristócratas. Otra obra a destacar es el Genji Monogatari, escrito por Marusaki Shikibu. Además encontramos representaciones gráficas de los jardines de este período en las pinturas de la época.

«Una fresca fuente manaba en el jardín del noroeste y brindaba a su entorno un agradable refugio de calor estival. En los arriates al lado de la casa plantó bambúes chinos y, un poco más lejos, grandes árboles cuyo espeso follaje se asomaba formando corredores aireados y sombríos, tan agradables como los más idílicos bosques de las montañas. El jardín estaba rodeado por setos con matas de deutzias blancas, naranjos cuyo aroma despierta el amor olvidado, rosas silvestres, peonias gigantes y otras muchas clases de arbustos y matas altas, escogidos con tal acierto que ni en primavera ni en otoño faltaría la riqueza de flores…»

Marusaki Shikibu
Genji Monogatari
Se trata de jardines vinculados a las residencias aristocráticas, ya sea en la propia ciudad o en las residencias de verano de las afueras. Aunque sus características son básicamente las mismas, si es cierto que los jardines de las villas tienen mayor libertad. Siguen la línea de los jardines precedentes, con la presencia de colinas, grandes lagos. Se trata de jardines panorámicos que captan la naturaleza, aunque no son copias de ésta. Son jardines elegantes, sensuales, multicolores que tratan de deleitar todos los sentidos. Simbolizan la fugacidad de la vida, el inexorable paso del tiempo. Existe una absoluta integración entre la naturaleza y los elementos arquitectónicos. Quedará constatada la presencia de jardines interiores.
En cuanto a los jardines vinculados a la religión, los encontramos en templos de veneración de Buda Amida, un buda misericordioso que ofrece renacer en el paraíso de la tierra pura a todos sus fieles. Se trata de un extraordinario lugar donde se encuentra su palacio, en medio de gran jardín con un lago de proporciones descomunales, en el que cae lluvia de oro. Esta representación quedará plasmada en los jardines de los templos.
Representación típica de un shogun
Crédito: Wikipedia Commons
Los períodos Kamakura (1192-1333 d.C.) y Muromachi son una etapa convulsa de la historia japonesa, tras una serie de luchas interinas, Minamoto no Yoritomo, de la familia Ashikaga, se hará con el poder absoluto en Japón. Y será nombrado por el emperador como shogun. Instalado en la ciudad de Kamakura, Japón se convertirá en una dictadura militar hasta 1333 d.C.. Estableciendo relaciones de vasallaje basadas en la fidelidad de los samuraís. Es una época marcada por la austeridad, la practicidad, pero sobre todo por el zen,que marcará la estética del período. El período Muromachi, el shogunado se va a relajar dando paso a una etapa mucho más refinada, desde el punto de vista artístico. Algo que contrasta con la realidad histórica japonesas, plagada de guerras civiles. Destacan los jardines secos y la pintura a la tinta, impregnados de la filosofía zen.
Jardín zen
Crédito: Wikipedia Commons
Con respeto a los jardines, se continúan construyendo jardines panorámicos vinculados a la arquitectura civil, pero con nuevas peculiaridades. Ya no son patrimonio exclusivo de las familias imperial o de los grandes linajes nobiliarios.  Los shogunesy los grandes señores feudales construirán sus propios jardines. Se trata de jardines para ser contemplados, con lagos de menores proporciones y veredas en su entorno. Pero lo más llamativo del período son los jardines secos, según las teorías de Mirei Shigemori, los precedentes de éstos jardines secos se pueden encontrar en la prehistoria japonesa. Donde se asocian formaciones rocosas singulares, con lugares sagrados de veneración a los kami[1]. Otro precedente de los jardines secos serían las composiciones rocosas de los jardines de los periodos Asuka, Akhuo, Nara y Heian, que reciben el nombre de kare sansui (montaña y agua marchitadas).
Otras teorías establecen que los jardines secos surgen por iniciativa de los monjes zen, ya que se encuentran asociados a monasterios de dicha doctrina, como soportes de meditación.
Saiho-ji
Crédito: Wikipedia Commons
Un claro ejemplo sería el Saiho-ji o jardín del musgo, en el templo de los aromas occidentales. Situado en la ciudad de Kioto, responde a las características básicas del período, un jardín panorámico para ser contemplado. Con un lago en forma de corazón, con tres islas grandes y cuatro pequeñas. Toda esta partes está completada con una rica vegetación, con relevante importancia del musgo que lo recubre todo. Ofreciendo distintas tonalidades que van des ocres, verdes marrones, e incluso grises y blancos. Aunque algunos autores creen que el tapiz aterciopelado, no corresponde a una intencionalidad del autor, actualmente se apuesta por que se trata de un efecto provocado. En cuanto a la parte seca está constituida por tres composiciones rocosas, una karekati o cascada de bloques de granito establecidos en diferentes niveles. Una gran piedra de meditación sobre la paz y el sosiego. Y por último las islas de las tortugas (rocas que configuran la forma de una tortuga), símbolo de la longevidad. Soporte de meditación zen.
Como ya hemos dicho el jardín seco propiamente dicho se desarrolla en la parte final del período. Con unas características muy definidas, de reducidas dimensiones, vinculados a dependencias concretas. Se trata de jardines planos, con escasos elementos, donde destacan las composiciones rocosas, la gravilla… Los elementos de vegetación están muy limitados. Y con los principios de la filosofía zen muy presentes: austeridad, simplicidad, sencillez, pobreza de recursos, ausencia de ornamentación y presencia de vacíos como máximo sugeridor del todo. Los ejemplos más claros de ésto, son el jardín Ryoan-ji, o templo del dragón apacible, el cuál recibe múltiples interpretaciones: desde unas islas contempladas a vista de pájaro, las crías de un tigre nadando en el mar o la paz de la mente perturbada por los pensamientos. Y el jardín Daisen-in o gran templo del ermitaño, que representa el inexorable paso del tiempo en la vida humana.
Ryoan-ji
Crédito: Wikipedia Commons
En este período se desarrollarán la técnica ikedori o sákkei que, consiste en integrar la naturaleza viva con el jardín. Se une visualmente la naturaleza circundante con nuestro propio jardín. De tal forma que dicho jardín no tendría sentido en otro lugar.
Posteriormente en el período Momoyama (1572-1615 d.C.), un período muy corto, pero de gran desarrollo comercial, sobre todo con la llegada de los portugueses al archipiélago japonés. Y con ellos los contactos con occidente, el cristianismo o el arcabuz, que dará un nuevo sentido a la guerra. Será la época de los grandes castillos defensivos, aunque se tratará de dar unidad al país.
En el ámbito de los jardines, apenas se aprecian novedades, salvo que se encuentran pegados a las residencias en un nivel inferior, potenciando su contemplación. Gran exuberancia de vegetación y colorido, con enormes bloques rocosos. Los arbustos son recortados en formas que evoquen la naturaleza. La aportación más importante del período serán los jardines asociados a la casita del té.
jardín de la casita del té
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Y por último en período Edo (1615-1868 d.C.), será una etapa muy floreciente para los jardines japoneses, donde se recoge toda la tradición anterior en esta materia. La burguesía adinerada se sumará a la moda de completar sus residencias con jardines. Provocando que el aumento de demanda, haga surgir la profesión de jardinero profesional, y hasta la proliferación de tiendas especializadas. El auge de la silografía facilitará la publicación de manuales de jardinería.
Se mantiene las variantes de periodos anteriores, aunque con una novedad, el jardín de paseo, de grandes proporciones, plasman manifestaciones externas de la naturaleza de forma espontánea. La característica fundamental será el camino o sendero que conduce al espectador en una visita por reproducciones a escala de vistas naturales del Japón, como por ejemplo el monte Fujiyama. Se encuentra muy en relación con la moda de viajar que surge en este período. Proliferan las guías de viaje, compendios sobre lugares para visitar en Japón. Se reproducen bosques, pequeños campos de arroz y se multiplican los elementos de construcción humana.
Crédito: Wikipedia Commons
En definitiva el arte del jardín japonés, es un reflejo del respeto por la naturaleza. De cómo a pesar de la «pobreza» de materiales, son capaces de ofrecer soluciones constructivas de grandes resultados. Tan presente en todas las artes japonesas. En el jardín japonés todo está planificado, será el propio jardín quién te conduzca por una multiplicidad de significados.

También en iHA| El Jardín Japonés 2

Bibliografía

AA.VV, Artes tradicionales japonesas, ed. Dirección general del Patrimonio artístico y Cultural, 1975.
Delay, N., Japón la tradición de la Belleza, ediciones B, Barcelona, 2000.
García Gutierrez, F., Japón y Occidente: influencias reciprocas en el arte, ed. Guadalquivir, Sevilla, 1998.
García Gutierrez, F., Summa Artis, Historia General del Arte, vol XXI, ed. Espasa-Calpe, Madrid, 1972.
García Gutierrez, F., El zen y el arte japonés, ed. Guadalquivir, Sevilla, 1998.
Kidder, J. E., El arte del Japón, ed. Catedra, Madrid, 1985.
Nitschke, G. El jardín japonés, el ángulo recto y la forma natural, ed. Benedikt Taschen, Colonia, 1993.
Yoshikawa, I., Elements of japanese gardens, ed. Graphic-sha Publishing, Tokyo, 1990.

[1] Representación de los dioses sintoristas