El esplendor y el ocaso del león rampante

Medina Albaida

Saraqusta la ciudad blanca…

Zaragoza vista desde el puente de piedra
Crédito: David Melero

«Zaragoza ocupa una basta extensión de terreno, está poblada y sus barrios están ampliamente instalados; posee calles anchas, casas y residencias muy hermosas; rodeada de jardines, huertos y provista de una solida muralla de piedra. Situada a la orilla de un gran río, parte de cuyas aguas provienen del país de los Rum, de las montañas de Calatayud y de otros sitios. Todos éstos cursos confluyen al norte de la ciudad de Tudela y el Ebro discurre enseguida hasta Zaragoza.

Zaragoza lleva también el nombre de «Ciudad Blanca» que se le da a causa de la gran cantidad de yeso y cal que en ella se encuentra. Una particularidad de la ciudad es que las serpientes jamás penetran en ella; si se lleva allá una serpiente, ésta muere enseguida. Algunos sostienen que existe en Zaragoza un talismán contra serpientes. Otros dicen que para la mayor parte de las construcciones de la ciudad se ha utilizado mármol, que es una variedad de la sal gema, y que tiene la propiedad de alejar a las serpientes de los lugares donde se ha utilizado: así sucede en muchos distritos.»

Al-Himyarî, s.XV.

LOS ANTECEDENTES

Mapa de SaraqustaCrédito: Wikipedia Commons

Ésta es la visión de un poeta musulmán del siglo XV, pero lo cierto es que no difiere mucho de lo que debía ser la `Medina Albaida´ o Ciudad Blanca, como era conocida la Saraqusta del año mil. Se trata de una ciudad que ya era vieja cuando los musulmanes llegaron a la Marca Superior frontera entre el islam y la cristiandad en España. Una ciudad que ya había registrado cuatro nombres en sus anales, Salduie, nombre originario de los primeros pobladores iberos y celtíberos del Valle del Ebro, allá por el año 600 a.C.; Caesaraugusta, con la fundación y posterior ocupación romana, entre los años 15 a 13 a.C.; Cesaracosta, tras la desintegración del Imperio Romano de Occidente y la dominación visigoda, en torno al año 472; y finalmente tras la sumisión pacifica al nuevo y predominante poder musulmán Saraqusta, 714.

Máxima extension de la taifa
Crédito: Wikipedia Commons

El período que nos ocupa se centra, en el que posiblemente, es uno de los momentos más florecientes de la historia de la ciudad. Tras la disolución del Califato de Córdoba se iniciaran en España los denominados reinos de taifas. En el año 1013 Mundir, el gobernador tuyibíe de Tudela, recibe el gobierno de Zaragoza ganándose el apoyo de los amiríes -seguidores  y parientes de Almanzor-, proclamando la independencia de Zaragoza en el 1018. Saraqusta se convertía así en un foco de atracción intelectual, donde acudirán ilustres pensadores de la época que habían servido a las ordenes de Almanzor. Como Ibn Darrāy, secretario y poeta del dictador, o el intelectual Sa’id. Pero poco duro la dinastía de Mundir I, ya que veinte años más tarde tras la enésima sublevación popular, se produjo un vacío de poder. Aprovechado por el gobernador de Lérida, Sulaymān ibn Hūd con el sobrenombre de Musta’īn billāh, para instaurar la última dinastía saraquistí: la de los Banū Hūd. A su muerte en el año 1046, dividió su reino entre sus cinco hijos. El menor Ahmad, desde Zaragoza, pronto disputó con hermanos sus herencias. Y no dudó en hacerse con Calatayud, Tudela y Huesca, a veces incluso con tácticas poco decorosas. Tan sólo su hermano Yusuf supo resistir en Lérida. Además incorporó los territorios de Tortosa y Denia para la taifa, ofreciendole una salida al mar. Derrotó a los cristianos en Graus (1063) y recuperó Barbastro (1065). Desde entonces gobernaría bajo el sobrenombre de Al-Muqtadir billāh, «el victorioso por Dios». Aquí acabarán sus glorias militares, por lo que para mantener su independencia se verá obligado a pagar parias tributos a los reinos cristianos de Pamplona, Castilla y Aragón.

LA CIUDAD Y SU ENTORNO

La excelente posición  de la ciudad en el centro de una serie de rutas comerciales y de comunicación, que habían hecho de ella una urbe extremadamente codiciada por su posición estratégica, también habían fomentado el desarrollo mercantil de la misma.

«Su muralla es de piedra blanca, de bloques escuadrados y machiembrados. Por su parte exterior se eleva a cuarenta codos, más o menos, pero en el interior se halla al mismo nivel de las calles y vías, sobresaliendo con mucho cinco codos. Todas sus casas destacan por encima de sus murallas».

al-Zuhri, geógrafo.

Cenáculo de los intelectuales palacio de la Aljafería
Crédito: Wikipedia Commons

La confluencia de los ríos Huerva, Gállego y Ebro, favorecían la profusión de huertas y cultivos de regadío, potenciando el principal sector productivo de la ciudad, la agricultura, que había sabido reaprovechar la infraestructura hidráulica romana.

Mūsa ibn Nusayr, conquistador del Al-andalus, comparó los huertos de Zaragoza con los de Damasco, y al probar las aguas del Gallego, dijo que no había probado ninguna mejor en todo el Al-andalus.

La abundancia de las huertas zaragozanas era tal que los campesinos reaprovechaban los excedentes como abono: existían huertas del Gallego y el Huerva, denominadas Baltás,; viñas en el arrabal de la margen izquierda del Ebro, Ranillas y la Almozara; olivares por todos los alrededores; no faltaban almunias -residencias campestres, a veces verdaderos palacios, situados a las afueras de la ciudad. No eran sólo grandes fincas de recreo rodeadas de extensos jardines bien irrigados, sino también importantes explotaciones agrícolas o ganaderas que producían cuantiosos beneficios al propietario-; huertas, jardines y vergeles rodeaban Saraqusta en un anillo irregular de ocho millas en cuyo centro destacaba la «Medina Albaida».

«Zaragoza parece una motita blanca en el centro de una gran esmeralda (refiriéndose a la muralla de la medina circundada por sus huertas), sobre la que se desliza el agua de cuatro ríos, lo que la hace aparecer como un mosaico de pedrería.»

al-Qalqasandi, Subh al-asa fi sina’at al insa

Aprovechando las corrientes del Ebro se instalaron varios molinos, situados sobre barcazas, que podían cambiar de situación para aprovechar al máximo la corriente. Grandes norias con la altura de un edificio, movidas por la corriente, regaban las tierras circundantes. Tenían paletas como la rueda de un molino, y en sus llantas cangilones que elevaban el agua, vertiendo, al girar, en canales elevados, a través de los cuales fluía hacia las huertas y los campos de las orillas. Frecuentemente los poetas árabes han cantado a las norias, gustando de compararlas con esferas celestes que en su movimiento circular arrastraban a los astros, o bien con las nubes que beben en el mar, y subiendo luego por encima de la tierra, prodigan la lluvia.

Vista nocturna del interior de la Aljafería
Crédito: Wikipedia Commons

Los molinos se complementaban con hornos que fabrican la principal fuente de alimentación, el pan. Además de una importante industria peletera concentrada en los arrabales (el barrio de los curtidores o barrio de las Tenerias). Hay que destacar la importancia de sus paños de algodón, lino, cáñamo o seda. Conocidos en todo Al-andalus como «zargocíes», y que según al-Udri: «no pueden imitarse en ningún otro país del mundo».

Como «puerta de todas las rutas» poseía un importante mercado, con fama en todo el territorio musulmán por sus esclavos llegados del norte y el este de Europa, muy apreciados por las cortes hispanomusulmanas. La mercancía llegaba a los zocos urbanos, a través de grandes barcazas por el Ebro. La abundancia era tal, que los precios eran irrisorios.

Continuará…
Bibliografía:

Lostal, J.,Ansón,A., Historia de cuatro ciudades, Ayto. de Zaragoza, 2001, Zaragoza.

Corral Lafuente, J.Luis, Historia de Zaragoza(5). Zaragoza musulmana 714-1118, Ayto. de Zaragoza, 1998, Zaragoza.

Lacarra, J. María, Aragón en el pasado, Espasa-calpe, 1998, Madrid.

Viguera, M. Jesús, Aragón musulmán, Libreria General, 1981, Zaragoza.

Durán Guidol, Antonio, Ramiro I de Aragón, Ibercaja, 1993, Zaragoza.