La capital turolense tiene ese no sé qué que engancha tanto a turistas, como a viajeros.

Teruel

Torre del Salvador
Crédito: Turismo de Aragón

Y lo hace a quien lo visita por vez primera, como a aquel que vuelve una y mil veces. Da igual cuáles sean los argumentos de viaje porque Teruel tiene un ramillete de atractivos que encandilan a cualquiera.

Pongamos, a modo de ejemplo, que el motivo de la escapada sea el patrimonial. Aquí la ciudad tiene un sinfín de atractivos. Porque Teruel tiene tanto de mudéjar, como de modernista. La UNESCO quiso en 1986 que el mudéjar fuera Patrimonio de la Humanidad y aquí lo demuestran, sin ir más lejos, sus cuatro imponentes torres -la del Salvador, la de San Martín, la de San Pedro y la torre de la catedral-. El estilo modernista, visible en puntos como la propia Plaza del Torico y en sus inmediaciones así como en su famosa escalinata, es también un interesante reclamo. Y el responsable de muchas obras, hoy de visita obligada, fue Pablo Monguió, discípulo de Gaudí. Ni se les ocurra pasar por alto la Casa Ferrán, La Madrileña o la Casa de Los Tejidos, entre otras.

Este Teruel patrimonial obliga a ralentizar el paso, a caminar despacio, sin ningún tipo de prisa. La ciudad es chiquitina y en el centro brotan argumentos a cada paso. Vayan con los ojos bien abiertos, que la ciudad del Torico, les regalará imágenes absolutamente irrepetibles.

Teruel la capital es la ciudad del amor.

Desde hace 800 años para ser exactos. Y es que el tercer fin de semana de febrero Teruel se transforma. Durante cuatro días toda la ciudad se engalana y retrocede al siglo XIII convirtiéndose en un mercado medieval, en un escenario en el que se recrea la trágica historia de amor de los amantes de Teruel, allá por 1217. 

Una de las sorpresas más deslumbrantes de la ciudad se encuentra precisamente en el Mausoleo de los Amantes, un espacio inevitable, un lugar que rescata las figuras de Juan Diego de Marcilla e Isabel de Segura y una historia que ha dado la vuelta al mundo. Sin duda recorrer el recinto es de lo mejor que a uno le puede pasar en este rincón aragonés.

Si la visita se hace en familia, con niños

Teruel se convertirá en tierra de dinosaurios, porque éste sigue siendo uno de los reclamos que con mayor ímpetu ha exportado la ciudad –e incluso la provincia- en los últimos años. Dinópolis es el kilómetro cero del ocio y la paleontología. Es uno de esos lugares que hacen brotar sonrisas y diversión desmedida… por lo tanto, ir con niños debe ser algo casi obligatorio.

Puede que sea una ciudad pequeña, de poco más de 35.500 habitantes. Pero los turolenses son buenos anfitriones y saben ejercer como tales. Prueba de ello es la inmensa cantidad de visitas que reciben al cabo del año. Ya sea por el motivo que sea, Teruel es un buen destino turístico. Se mire por donde se mire.

Tienen a su disposición alojamientos de todo tipo; la oferta cultural es cada vez más amplia; la cartera gastronómica es deliciosa de principio a fin; y las historias que recuerda y suscita la preciosa capital del sur de Aragón son únicas. Por lo tanto, y por todo ello, es lógico que Teruel enamore.

Teruel

Dinópolis
Crédito: Turismo de Aragón

Una historia de amor

En los primeros años del siglo XIII vivían en la ciudad de Teruel Juan Diego de Marcilla e Isabel de Segura, y siendo muy jóvenes se enamoraron. Rechazado por la familia de Isabel, debido a que carecía de bienes, Juan Diego consiguió un plazo de cinco años para enriquecerse. Así pues, partió a la guerra y regresó a Teruel cuando expiró el plazo. Para entonces, Isabel ya era esposa de un hermano del señor de Albarracín. Pese a esto, Juan Diego consiguió entrevistarse con Isabel y le pidió un beso; ella se lo negó y el joven murió de dolor. Al día siguiente en la celebración del funeral, una mujer se acercó al féretro: era Isabel, que quería dar al difunto el beso que le negó en vida; la joven posó sus labios sobre los del muerto y repentinamente cayó muerta junto a él.

Diez cosas que hacer en Teruel

1.- Entrar a la iglesia de San Pedro, quedarse boquiabierto con su techumbre y subir a la torre.

2.- Sentarse en la escalinata, una preciosidad mudéjar.

3.- Probar, cómo no, el jamón con Denominación de Origen.

4.- Hacerse un selfie con el Torico de fondo.

5.- Visitar el mausoleo donde descansan las momias de los amantes.

6.- Tapear al mediodía en las terrazas del Paseo del Óvalo.

7.- Disfrutar –mucho y en familia- en Dinópolis.

8.- Comprar, a modo de souvenir, una pieza de cerámica de Teruel.

9.- Cruzar a pie el viaducto y admirar las vistas que se tienen desde allí.

10.- Volver una y mil veces más.

“Puede que Teruel no figure en los principales destinos turísticos de nuestro país; quizá sea una ciudad que todavía sigue llevando el cartel de gran desconocida; es probable que únicamente se asocie al mudéjar, al frío y al jamón. Sin embargo Teruel es mucho Teruel. Para muchos un amor a primera vista. Y por eso he elegido Teruel como objeto de mi contribución al especial 5°Aniversario de iHA.”

Nuestra redactora Mer Arruebo, Diplomada en Empresas y Actividades Turísticas por la Universidad de Zaragoza. Organizadora de Congresos y eventos nacionales e internacionales durante más de 10 años. Gestora de contenidos en caviarcomunicación.com. y cultura-zaraguay.blogspot.com Viajera infatigable… para adquirir cultura, aprender costumbres, conocer gente interesante…en resumen..¡disfrutar de la vida! Community Manager and SEO en Turismo Aragón

Fuentes | Mer Arruebo

Imágenes | Turismo de Aragón

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