Expolio de Jerusalén

Relieve romano con los Expolios de Jerusalén, siglo I d.C
Crédito: W. Commons

En torno al 1200 a.C. se va a producir la sedentarización del pueblo hebreo. Pero sólo a partir del año 1000 a.C. se puede empezar a hablar de Israel, ya que anteriormente sólo tenemos una confusa confederación de orden tribal, de carácter politeísta, instalada en Canaán desde el siglo XIII a.C. Empujados por los arameos del norte, las tribus israelitas entrarán en conflicto con los filisteos de la región, el pueblo de Sansón (uno de “los pueblos del mar“). Se trata de un período convulso, en la misma zona convergen también pueblos como los amonitas, edomitas, nabateos… A estos dos siglos se les conoce como la época de Shofet, (época de los jueces), no existía todavía un estado propio de Israel. El único punto de contacto entre las distintas tribus es su fe en Yahvé. Los jueces serán personas significativas que, en momentos puntuales, aumentaban su poder con el apoyo de los diferentes grupos tribales. Los más importantes fueron Samuel y Saúl, que representaron la transición de la época nómada a la monarquía conjunta de los dos reinos: Judá e Israel.

Tras Samuel y Saúl, el joven David (1000-970 a.C.) será ungido monarca para luchar contra los filisteos. Quién someterá a todas las tribus nómadas de Canaán a tributo y esclavitud, salvo a los fenicios que fueron considerados como una población pacífica, además de excelentes técnicos y comerciantes. David declarará a Yahvé garante del estado de Israel, y trasladará el arca de la alianza a Jerusalén. Declarándola posteriormente capital de todos los judíos. Instaurará un sistema político basado en la monarquía egipcia. Con la unificación del reino, impuso un estado burocratizado y territorial regido por el principio de “monarquía por la gracia de Dios“.

Salomón (970-930 a.C.), continuará la obra de su padre e introducirá mejoras en el sistema. Dividió el reino en doce circunscripciones y fue capaz de consolidar la unión entre norte (Israel) y sur (Judá). Entre sus obras más emblemáticas se encuentra la construcción del Templo de Jerusalén o la autoría del Cantar de los Cantares. Con Salomón se va a afianzar el monoteísmo, y se va a intensificar la vida diplomática (relaciones con Hiram de Tiro o la reina de Saba). Se va a construir un estado donde no lo había. Pero el progresivo endeudamiento del las arcas del estado, la excesiva burocratización y la pérdida de la ortodoxia van a provocar el descontento que conducirá a la guerra civil. Como resultado se producirá un cisma entre norte y sur. Roboam será erigido como rey en Judá y Jeroboam en Israel en el 930 a.C.

David y Salomón

David y Salomón
Crédito: W. Commons

Por estas fechas se producirá el ascenso del Imperio Asirio, que devastará los estados arameos que se encontraban en su camino hacia el oeste. Hasta que en el año 721 a.C. Sargón de Asiria conquistará Sumeria. Ya en el s.VI a.C. el Imperio neo-babilonio tomará el relevo de los asirios como potencia hegemónica. Comienza así la deportación masiva de judíos: la primera Diáspora.[1] Estos hechos llevarán a los judíos deportados de las zonas del bajo Tigris y Éufrates, a adquirir un marcado carácter xenófobo. Será en esta época cuando se redactará el Deuteronomio y aparecerán los primeros profetas: Ezequiel y Daniel.

Después llegará la unificación persa de todo el POA, convirtiendo a Israel en una satrapía persa[2]. Ciro II permitirá el retorno de gran parte de los judíos que habían sido deportados (segundo éxodo). Y la comunidad judía iniciará un período de expansión por el Mediterráneo. Alejandro Magno incorporará esta satrapía persa a su imperio en el 333 a.C. Creando un nuevo foco de influencia judía en Alejandría y produciendo una escisión entre la escuela ortodoxa y la escuela helenística. Ya en el año 64 a.C. Pompeyo anexionará el reino de Israel al Imperio Romano. Bajo dominio romano se producirá la segunda Diáspora, cuando los judíos serán expulsados por Adriano de su tierra de origen y cuyo regreso no se producirá hasta mayo de 1948 d.C.

Bibliografía| Meler, D., Los Albores de la Civilización, iHe ed., Madrid 2014

Imágenes| W. Commons

[1] 586 a.C., el rey Nabucodonosor II, conquista Judá y tras destruir el primer templo, trasladó a los líderes judíos a Babilonia.

[2] Provincia o célula administrativa persa.