Ikebana

Crédito: photopin

El arte de la composición floral de acuerdo con unas reglas y principios muy concretos desarrollados a lo largo del tiempo es el ikebana. La palabra ikebana significa «flor viva colocada» y  hace referencia al arte de origen japonés que se dedica a la composición de arreglos florales. También conocido como kadō o “el camino de las flores”.

Ikebana

Crédito: photopin

Se trata de la composición de motivos decorativos que alberga en su interior la quinta esencia de lo efímero. El ikebana es el arte que atrapa el tiempo. En sus motivos florales debe estar presente el pasado, el presente y el futuro… Además del mero propósito estético, también encierra un trasfondo cultural importante como método de meditación, conectado con el flujo de las estaciones y ciclos de la vida. La efimeridad de las obras, debido principalmente al material de que las componen, las convierte en un acto de reflexión sobre el paso del tiempo. Aunque el origen de este arte se remonta de forma ancestral en el tiempo, podemos establecer su origen mil quinientos años atrás en la historia japonesa. Actualmente se ha exportado a occidente como un pasatiempo para la clase alta europea.

Los primeros arreglos florales en Japón fueron realizados por monjes budistas (siglo VI d.C.) para adornar sus templos y para realizar ofrendas a Buda. La primera mención escrita sobre el ikebana se remonta al siglo X en el Kokin Waka Shu, un libro de poesía:… “en un recipiente coloca una rama de ciruelo en flor…” Pero será en el período Heian (794-1192) cuando abandonen su faceta religiosa para hacerse populares entre las clases altas japonesas. En el siglo XIV, se popularizó su uso para conmemorar muchos de los festivales que se celebraban en los más importantes templos y santuarios. Conocidos como Shichiseki-Horaku-no-Hana. Ya en el período Kamakura (1192-1333) se pondrá de moda la construcción dentro de uno de los cuartos de la vivienda (zashiki) una especie de nicho (tokonoma) donde se colocaban el ikebana, incienso y una vela. Debido a las reducidas dimensiones del tokonoma, los arreglos florales se hicieron para ser vistos de frente. Muchos cortesanos, samuráis y monjes competían por el mejor premio, en diferentes concursos, con flores exóticas o vasijas de delicada belleza traídas de China.

Ikebana

Crédito: photopin

En el libro más antiguo de ikebana Kaoirai no Kadensho (1499) podemos encontrar ilustraciones sobre estos arreglos florales realizados en vasijas, con fondo de arena. Posteriormente se crearon reglas precisas y complicadas para la elaboración de os mismos. Durante el período Meiji (1868-1912), muchos maestros de ikebana, influenciados por la cultura occidental, trataron de modernizar el arte del arreglo floral.

Actualmente las diferentes escuelas en Japón se dividen entre estilos más conservadores y tradicionales y motivos mucho más contemporáneos y modernos.

Los materiales que se usan para su elaboración son flores, hojas, cereales, hierbas, ramas, semillas, frutas, vegetales, cantos rodados o el agua para representar la fugacidad del tiempo. En su búsqueda del camino hacia la liberación, la naturaleza… Dichos materiales pueden ser naturales, secos o artificiales. Inicialmente se debían emplear materiales autóctonos, aunque dicha condición con el tiempo se fue perdiendo (propiciada en cierto modo por la apertura al mundo que protagonizó Japón a finales del s. XIX). Las partes más importantes del diseño son el color, la forma, la textura y la línea. El color y la forma vienen dadas por la propia naturaleza del elemento escogido, aunque con la creación de las escuelas modernas, dicha naturaleza podría modificarse. La textura está determinada por la superficie de los materiales usados. Y la línea se expresa a través del contorno de las ramas de la composición. La conjunción de todos estos detalles determina la elaboración de un buen arreglo floral.

Sabías que… se trata de uno de los mejores ejemplos de la íntima conexión entre arte y naturaleza en Japón. Donde la naturaleza que rodea al artista es la materia prima empleada en la obra con el fin de recrearla en su estado más espontáneo o captando su esencia más pura. Al utilizar un ser vivo, la obra tiene su propia evolución natural. El ikebana es la expresión máxima de lo efímero.

Ikebana

Crédito: photopin

En él encontramos representado el pasado (hojas secas o flores muy abiertas), el presente (hojas verdes o flores abiertas) y el futuro (capullos o yemas de hoja).

Por último cabe destacar la conexión entre este arte del arreglo floral y el gusto por las dimensiones reducidas en el arte japonés. Parece evidente que existe cierto agobio ante “lo grande, lo monumental, lo inabarcable…”. Aunque existen en Japón grandes monumentos, edificios o esculturas, parecen ser una excepción. Es patente el gusto por lo pequeño, lo abarcable. Un gusto y valor que se trasluce en las artes decorativas que caben en una mano. Con un evidente éxito de las manifestaciones artísticas que miniaturizan los elementos de la naturaleza como puede ser el ikebana.

En colaboración con iHA| Dave Meler

Bibliografía| Dave Meler, Arte Japonés, el arte de los sentidos

Fuentes| photopin

Síguenos también en: FacebookTwitterGoogle+ o RebelMouse