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«La noche queda para quien es», La lluvia amarilla.

Aprovechando mi visita a Aragón por cortesía del concurso de poesía que gané en Atrápalo atreviéndome a rimar Aragón con sueño, en el artículo que os presento este mes de Noviembre me dispongo a hablaros de un libro cuya prosa poética atrapa al lector con una maestría ineluctable a través de no más de 140 páginas, un elogio a la literatura contemporánea publicado en el año 1988 que fue Premio Nacional de Literatura en la modalidad de Narrativa: La lluvia amarilla, del escritor y periodista leonés Julio Llamazares.

Se cumple un cuarto de siglo desde la primera publicación de la novela a través de la editorial Seix Barral, pero este año se ha incluido una edición conmemorativa enriquecida con un prólogo del autor, que contiene un DVD en el que se incluye un documental realizado por Eduardo de la Cruz, sobre el pueblo del Pirineo aragonés Ainielle, escenario en que se desenvuelve la historia.

¿Quién es Julio Llamazares?

LLAMAZARES, JULIO. Escritor Espav±ol fecha 20/12/2004. Foto Carrusan.

«Por eso, nadie iniciará el gesto de la cruz o el de la repugnancia cuando, tras esa puerta, las linternas me descubran al fin encima de la cama, vestido todavía, mirándoles de frente, devorado por el musgo y por los pájaros»

El autor pertenece a una generación de escritores intimistas y románticos, disconformes con la realidad social que, habiendo estudiado Derecho, abandonó el ejercicio de la profesión para dedicarse al periodismo escrito, radiofónico y televisivo. Un literato en mayúsculas cuya forma de escribir está muy pegada a la tierra y que bien podría estar en la línea del espléndido Miguel Delibes respecto a su cercanía con la vejez, el realismo y el lenguaje conciso y preciosista de obras como Los santos inocentes o El disputado voto del señor Cayo.

Las raíces de este contador de historias que necesita de la escritura como modo de supervivencia natural se encuentran en el pueblo leonés de Mata de la Bérbula, ubicado en la cuenta del río Curueño, cuya descripción recoge en su libro El río del olvido. Su actividad ha recorrido desde el género poético, pasando por el ensayo o guiones cinematográficos, entre otros, y se ha visto recompensada por numerosos y merecidos premios que datan desde del Antonio González de Lama en 1978, pasando por el Premio de Periodismo El Correo Español- El pueblo vasco (1992) o el Premio de la Semana Internacional de la Crítica en el Festival Internacional de Cannes (1999).

¿Qué es La lluvia amarilla?

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«La soledad y el tiempo. Seguramente porque esos dos elementos son los que mueven mi vida y la vida de todos. Para mí escribir es aquello que decía Pessoa: mi manera de estar solo, y una lucha contra el tiempo. Por eso el ejercicio de escribir es tan contradictorio: te exige soledad cuando tú lo que quieres es escapar de ella, puesto que escribes para comunicarte, y te requiere tiempo cuando tú lo que quieres es luchar contra el tiempo. En esa contradicción transcurre mi vida.», Julio Llamazares.

La novela viene formada por el soliloquio existencial de Andrés, el último habitante de un pueblo abandonado del Pirineo Aragonés llamado Ainielle.

«Ainielle existe», dice el autor, «aunque en 1970 quedó completamente abandonado, sus casas aún resisten pudriéndose en silencio, en medio del olvido y la nieve, en las montañas del Pirineo de Huesca que llaman Sobrepuerto».

El personaje narra en primera persona sus recuerdos y la perspectiva de su futuro desde un punto de vista sobrio y nostálgico, con un lenguaje que roza lo lírico desde un tono melancólico y desesperanzado que mantiene al lector en una profunda agonía ante la presencia de esa soledad contagiosa con quien convive el protagonista de la historia. Sus amigos y vecinos se han exiliado a la ciudad, su esposa ha sido víctima del suicidio, sus hijos y su madre han muerto o huido. La única compañía que le queda al anciano es la de una perra cuyo futuro se plantea cada día ante la incertidumbre constante de su  supervivencia.

La historia es influida por el cambio que sufrió este tipo de género literario a raíz del año 1976, huyendo de los tópicos convencionales para buscar una mayor linealidad narrativa que carece de técnica experimental en el sentido amplio de la palabra.

Lamentablemente, gran parte de la riqueza de la tierra española está en venta. Cuentan las estadísticas que alrededor de 2800 pueblos están abandonados en nuestro país, aldeas cargadas de historia y vida propia que son susceptibles de un proyecto de repoblación para muchas organizaciones, y de especulación para muchos otros.

Jordi Pardo Pastor (Revista de estudios literarios de la UCM), aporta en su excelente estudio de la novela la importancia de la cohesión del tiempo y la muerte, que condensan el «amarillo» del título. La lluvia amarilla, según dice, es un complicadísimo entramado de metáforas que se relacionan entre ellas rozando, en ocasiones, la metáfora impresionista. De esta suerte, todo se encenderá de amarillo en la novela, matizándose el contorno narrativo con el dominio de la superstición, la locura y la tristeza. Asimismo añade el amarillo es aquel “ente” metafórico que, por definición, transfiere a los objetos las cualidades que, por identificación, le son propias. El color amarillo se erige dentro del texto de la misma forma en que se manifiesta triunfalmente en los Naturaleza Muerta de Vincent Van Gogh donde, como dijo el pintor, el desafortunado color es una imagen de la muerte tal como nos habla el gran libro de la naturaleza. Del mismo modo es el color tabú para la gente del teatro, puesto que Molière murió enfundado en un traje amarillo. Además simboliza la locura, ya que los locos en la Edad Media iban vestidos de amarillo para ser diferenciados de la población.

No hace mucho, en abril del 2013, en el diario “El País” y con motivo de la publicación de la nueva novela de Julio Llamazares titulada Las lágrimas de San Lorenzo, el autor aseveró que «las novelas son vidas que no vivimos y que pudimos vivir», siempre afrontando el terreno de la soledad como principal componente existencial de su obra.

¿Sabías que…?

Julio Llamazares, en la entrevista que Samuel Sánchez le realizó para “el País” y que yo comentaba previamente, arguyó que «existe una novela que explica qué es un escritor: El extranjero, de Camus. Hay mucha gente que escribe, pero hay pocos escritores. Para mí, el escritor es aquél que escribe por necesidad, no por oficio o capricho. El escritor es aquel que seguirá escribiendo, como hizo Kafka, aunque no le publiquen. Por eso es un extranjero, no en su país ni en otros países, sino un extranjero en la realidad. Y ahí me he sentido yo siempre. Extranjero y perplejo. No acabo de entender lo que sucede, cada vez lo entiendo menos y tengo más dudas, cada vez siento más perplejidad ante lo que me rodea y por eso escribo. Más que un sentimiento de soledad es un sentimiento de extranjería o extrañeza el que me lleva a escribir.

En colaboración con iHistoriArte| Jimena Tierra

Bibliografía| Seix BarralLa lluvia amarilla.

Fuentes| pendientedemigracion.ucm.escultura.elpais.compendientedemigracion.ucm.esencuentrosconlasletras.blogspot.com.eswww.elconfidencial.compueblosocial.es

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