Crédito: Berta E. García y Pepa Glez.

Crédito: Berta E. García y Pepa Glez.

Hoy amigos os traigo una historia muy especial, la del libro. Para poder viajar a su pasado, a sus comienzos, voy a utilizar  una máquina del tiempo. Con ella recorreré épocas anteriores y diferentes lugares del mundo para averiguar su origen. Me acompañará en este viaje increíble, un nuevo amigo al que voy a dejar que se presente.

Saludos chicos y chicas. Me llamo  Librillo y no porque sea muy delgado o pequeño, me pusieron ese nombre por listillo y es que siempre me gustó mucho relacionarme y tener muchos amigos. Como podéis imaginar tengo amigos diccionarios, enciclopedias, libros de viajes, libros de texto, ¡sí! Como los que utilizáis vosotros en el colegio. Aprendo mucho con ellos y como tengo muy buena memoria lo retengo todo. Pero sabéis una cosa, con quien mejor lo paso son con mis amigos los libros de aventuras y de cuentos, además de con mi nuevo amigo el espantapájaros.  Ahora acompañaré a Pantapa en su máquina viajera a descubrir mi historia.

Comencemos nuestro viaje.

Crédito: Historia del libro y la imprenta

Crédito: Historia del libro y la imprenta

¡Chuf-chuf, crat-cronch, pataplás! Aterrizamos en la Prehistoria

Desde la Prehistoria, amigos, el hombre ha tenido la necesidad de representar lo que veía y lo que hacía. Comenzaron así las primeras pinturas que hoy conocemos, de bisontes, de ciervos, de hombres cazando… Se puede decir que son las primeras ilustraciones. ¿Y dónde las dibujaban?, pues sobre las rocas en las cuevas donde vivían.

¡Chuf-chuf, crat-cronch, pataplás! En Mesopotamia

Posteriormente aquellos dibujos, fueron pasando a ser más simbólicos, es decir, que para hablar, por ejemplo de un pájaro ya no se dibuja el pájaro, sino que se pintaba una línea estilizada para representarlo. Son los llamados ideogramas. Se crearon así los signos.

Los primeros indicios de eso signos son de un lugar que antes se llamaba Mesopotamia y que ahora están los países de Irán e Irak. Allí, escribían sobre el material que abundaba en la zona, el barro o arcilla, sobre el que hacían incisiones con una especie de buril. Se le llamaron signos cuneiformes porque abunda la forma de cuña.

Ideogramas Crédito: Historia del libro y la imprenta

Ideogramas
Crédito: Historia del libro y la imprenta

Librillo agárrate fuerte que damos un salto a otro continente.

¡Chuf-chuf, crat-cronch, pataplás! Aterrizamos en África

Nos encontramos ahora en África, en concreto en Egipto. Un país que es atravesado por un río que seguro que conocéis. Es muy famoso, el Nilo. Allí en sus orillas crecían unas plantas llamadas papiros y que los egipcios descubrieron como material para poder escribir en ellos sus famosos  jeroglíficos. La cortaban en tiras y realizaban un entramado intercalándolas en horizontal y en vertical. Los papiros eran escritos por un escriba, que era una profesión muy importante. Luego eran guardados en armarios, todos enrollados, ya que si se doblaban, se estropeaban.

Entramado de papiro Crédito: WiKipedia

Entramado de papiro
Crédito: WiKipedia

¡Chuf-chuf, crat-cronch, pataplás! De Nuevo en Asia

-¡Vaya me vas a marear con tanto salto de un lado para otro!

– No seas quejica Librillo y escucha.  Egipto vendía sus papiros a muchos lugares, uno de ellos era Pérgamo, una ciudad que se encontraba en donde hoy está Turquía. Hubo un momento en que no llegaban a acuerdos y Egipto dejó de suministrarle papiros. Pérgamo ante tal conflicto tuvo que ponerse a investigar cómo salir del apuro y descubrieron un material, que resultó ser mejor,  la piel de res: el pergamino. La piel curtida, preparada, de corderos y terneras. Este material, se podía doblar, cortar y coser  y surgió el libro casi como lo conocemos hoy en día.

¡Chuf-chuf, crat-cronch, pataplás! Llegamos a Europa

En Grecia, solían enrollar los pergaminos  y guardarlos en tubos. Mientras que en Roma utilizaban unas tablillas  enceradas. Escribían con un utensilio llamado  calamus o caña afilada y también con la pluma de ave.

Tablillas romanas Crédito:  Historia del libro y la imprenta

Tablillas romanas
Crédito: Historia del libro y la imprenta

¡Chuf-chuf, crat-cronch, pataplás! Aterrizamos otra vez en Asia

– ¡Te digo que acabaré mareado Pantapa!

– Escucha Librillo, estamos en un país que fue crucial para que hoy te veas tan guapo cómo te ves.

En China en el siglo II a. de C. ya inventaron el papel. Antes habían escrito y dibujado sobre caparazones de tortugas y sobre seda. Pero los caparazones  eran muy pesados y la seda salía muy cara. Fueron probando materiales hasta que consiguieron una pasta muy parecida a nuestro actual papel.

El  escribir a mano era lento, así que buscaron una forma alternativa para poder imprimir:

La xilografía, que es una técnica de impresión sobre una plancha de madera. El texto o el dibujo se tallan con una gubia o buril, extrayendo las partes sobrantes de la madera a fin de dejar en relieve el dibujo o texto que se pretendía grabar. Se mancha con tinta y se presiona el papel sobre ella. Para cada hoja se necesitaba una plancha distinta. Posteriormente en lugar de planchas tallaron cada uno de sus caracteres o letras por separado, dando un gran salto en la impresión, aunque era muy trabajoso ya que ellos disponen de muchas letras.

Xilografía Crédito: http://www.materialesde.com/

Xilografía
Crédito: http://www.materialesde.com/

Tanto la técnica, como el papel que era guardado como un gran secreto, viajaron a Japón, allí   los árabes lo descubrieron. Ellos fueron quienes introdujeron en Europa el papel, a través de sus invasiones a España en el siglo VIII.

– Y ahora seguro que volvemos a saltar a Europa, ¿verdad?

– ¡Agarrate Librillo!

¡Chuf-chuf, crat-cronch, pataplás! Otra vez en Europa

Durante muchísimo tiempo en Europa, las personas encargadas de transcribir los documentos y libros de los pergaminos fueron los monjes recluidos en los conventos, ellos eran los copistas. Se escribía a pluma y con tinta, dejando ellos los huecos para las ilustraciones y las letras capitales que las hacían los iluminarios.

Pero ya con la técnica de los caracteres móviles de madera, se fue abandonando esa técnica que sólo quedó para ejemplares muy valiosos, ya que escribir un libro así llevaba meses de trabajo.

Imprenta de Gutenberg Crédito: Wikipedia

Imprenta de Gutenberg
Crédito: Wikipedia

Fue un alemán Johannes Gutenberg, nacido en Maguncia,  a mediados del siglo XV, quién modificó y mejoró enormemente la forma de imprimir. Él era orfebre y quiso comprobar el efecto de cambiar la madera por el metal. Fue todo un éxito, ya que era más duradero y fácil de entintar. Gutenberg  además creó una imprenta adaptando una prensa de uva. Nació la imprenta con la capacidad de imprimir mucho más rápido y de más calidad.

Muchos otros mejoraron el sistema con la mesa componedora y la pianotipia entre otros artilugios.

– ¿Un piano con letras?

– Sí Librillo, más o menos era eso. Una persona iba tecleando en los distintos caracteres formando el texto y otra persona los recogía.

Las imprentas han ido mejorando y han avanzado muchísimo.

Hoy en día la mayoría de los trabajos relacionados con el libro, se hacen con el ordenador y la impresión con máquinas llamadas offsset, donde se pueden hacer muchas impresiones en muy corto espacio de tiempo.

Ebook Crédito: Wikipedia

Ebook
Crédito: Wikipedia

Y una revolución de cara al futuro y que ya comienza hoy,  que es el cambio del papel por la pantalla en los llamados ebooks. Hay a quiénes les gusta, porque es más ligero y en él pueden llevar muchos libros y hay quienes consideran que como el papel no hay nada.

Bueno amigos, me despido de vosotros y en nombre de Pantapa. Espero que todo lo que nos ha contado os haya parecido interesante. A mí me ha gustado mucho conocer de dónde vengo y espero que acudáis a muchos libros, sean en el formato que sean, para disfrutar viviendo aventuras y conociendo todo un mundo inmenso que se guardan entre nuestras páginas.

Vuestros amigos Pantapa y Librillo

Tenéis una actividad muy divertida relacionada con el mundo del libro en mi página de Faceboook

Pantapa en Pekehistoria.

Bibliografía: Historia del libro y la imprenta, editorial Teide.

En colaboración con iHistoriArte| Pepa González Ramírez

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