El árbol de los chupetes de Sevilla Crédito: Irene Mala

El árbol de los chupetes de Sevilla
Crédito: Irene Mala

Pantapa, el espantapájaros Crédito: Pepa Glez.

Pantapa, el espantapájaros
Crédito: Pepa Glez.

Hacía una tarde magnífica. Pantapa, el espantapájaros, y su amiga, la bruja Carmela acababan de tomar la merienda. Se encontraban sentados sobre la hierba en un claro del bosque que hay cerca del campo de trigo donde vive Pantapa. Comenzaba a oscurecer y aún charlaban tranquilamente cuando, escucharon una voz conocida, era la de Eloísa, la niña humana que era capaz de ponerse en contacto con ellos, en su país de la Fantasía.

-¡Bruja Carmela, Pantapa! Ayudadme por favor. ¡Es urgente!

-Vaya me parece que de nuevo tendremos compañía -comentó Pantapa.

La bruja Carmela, se coloco frente a la luna que ya se empezaba a ver y realizó su hechizo de la escalera. La luna en cuanto la vio la puso en dirección a la casa de la niña y ésta subió por ella y luego bajó junto a sus amigos. Les dio un gran abrazo y se dispuso a contarles el problema que tenía.

La niña Eloísa Crédito: Berta E. García

La niña Eloísa
Crédito: Berta E. García

-Tengo un hermanito, se llama Pedro y tiene tres años. Le gusta mucho el chupe y no es capaz de dejarlo. Cada vez que mis papás lo intenta no para de llorar. Han hecho de todo, desde esconderlo, hacer cómo si se perdiera, pero nada. Han hablado con él, se han inventado cuentos para que comprenda que ya tiene edad para dejarlo, pero no ha habido manera. Yo quiero ayudarles y he pensado que tal vez vosotros podríais hacer algo.

Ambos amigos se miraron extrañados pues nunca les habían planteado semejante problema.

-La verdad Eloísa, no sé. ¿Se te ocurre algo Carmela? -le preguntó Pantapa.

-No puedo hacer un hechizo desde aquí y es muy arriesgado intentar ir a tu mundo Eloísa.

-Por fi, por fi…

-Bueno… se me está ocurriendo una cosa, tal vez te pueda contar todo lo que sé sobre la historia del chupete y a lo mejor de esa forma se te ocurre alguna idea -le dijo Pantapa.

-¡Ah, eso es estupendo! -exclamó Eloísa.

La bruja Carmela Crédito: Pepa Glez.

La bruja Carmela
Crédito: Pepa Glez.

-Me parece una buena idea, empieza Pantapa, yo también quiero escucharte –le dijo su amiga Carmela.

-Bien os cuento. Los datos más antiguos que conozco son del Antiguo  Egipto, donde a los bebés les daban, para que no llorasen, unas figurillas que estaban rellenas de miel. Posteriormente, se utilizaron telas rellenas de azúcar o papillas de cereales con forma de pequeñas pelotas y en España aunque os suene un poco raro, se utilizaban las ubres de la vaca desecadas como tetinas para biberones y chupetes.

-¿De verdad? ¡Uf! Seguro que si le cambiamos a mi hermano el chupe por una tetina de esas que dices, lo deja seguro –comentó Eloísa.

-No creo que puedas conseguirla, hace ya muchísimo tiempo que no se usan y tampoco creo que tus papás quisieran dársela. Bueno os sigo contando.

Fue durante el siglo XVIII que se comenzaron a utilizar anillos de caucho, pero resultaron ser muy duros y se los consideró antihigiénicos y en el XIX ya se generalizaron los chupetes de goma que eran más flexibles para la pequeña boca del bebé.

Pero los chupetes que tú conoces Eloísa, se fabricaron por primera vez en el siglo XX, en los años 40. Un dentista alemán, comprobó que los niños que se chuparon el dedo pulgar para calmarse cuando eran bebés, tenían muchas deformaciones en la boca y que en cambio aquellos que amamantaron durante mucho tiempo no tenían tales problemas.  De esa manera fue como se le ocurrió crear una goma más suave que se asemejara al pecho materno. Este señor se puso en contacto con un médico ortodoncista y entre ambos desarrollaron los chupetes más naturales. Ahora ya sabes que existen muchos tipos, con formas muy variadas y complementos para hacerlos más atractivos y para que no los pierdan.

La mayoría de los niños, Eloísa, los dejan por sí mismos, pero en otros casos como le ocurre a tu hermano no es fácil que lo dejen. Aunque…, estoy recordando algo que quizás te pueda ayudar.

going_to_skansen_park_-_stockholm

Parque de Skansen
Crédito: Wikipedia

Hace ya más de treinta años que en un parque de una ciudad de Suecia, Estocolmo, se les ocurrió una gran idea. Resulta que los empleados de la limpieza en el parque de Skansen, uno de los más populares de la ciudad, recogían muchos chupetes que se perdían en él, y decidieron dejarlos colgados en un árbol para que si volvían al parque pudieran recogerlos si querían.

De esa manera a los papás que querían que sus hijos dejaran el chupete, se les ocurrió la idea de que los propios niños se los regalaran al árbol de forma que no se pusieran tristes al abandonarlo. De esa forma se inició el proyecto que se ha convertido en una bonita tradición, se trata del árbol de los chupetes. Posteriormente se ha extendido a otros países como Dinamarca o Nueva York y aquí en España los hay en Torremolinos y en Sevilla donde se inauguró hace muy poquito. Allí, ahora, además de dejar los niños los chupetes, se realizan encuentros de las familias y actividades alrededor del arbolito que cada día está más bonito y feliz. No sé quizás…

Parque de Skansen Crédito: Wikipedia

Parque de Skansen
Crédito: Wikipedia

-¡Ya sé, ya sé lo que haré! Les diré a mis papás lo del árbol para que ellos lo hagan y seguro que mi hermanito se lo dará encantado para que no esté triste y esté más bonito. Me voy amigos, gracias Pantapa por todo. En mi próxima visita os traeré una foto de El árbol de los chupetes de mi ciudad.

Eloísa salió corriendo, y subiendo, subiendo, llegó a la luna y luego, bajando, bajando, a su casa.

-Vaya Pantapa, la verdad es que eso de que te guste tanto la historia  y las curiosidades es muy ventajoso. Lo aprendido le ha servido a Eloísa para buscar una solución a su problema. Eso está muy bien amigo curiosón -le felicitó la bruja Carmela.

Chupetes en Sevilla Crédito: Virginia Jorquera

Chupetes en Sevilla
Crédito: Virginia Jorquera

Ambos amigos recogieron todo, ya era noche cerrada, tocaba descansar y a la bruja Carmela, le quedaba aún por hacer un largo viaje, en su escoba, para llegar a su casa. Se despidieron y Pantapa se quedó contemplando el vuelo de su amiga hasta que desapareció de su vista.

Y chupete, chupetón, este cuento se terminó.

Vuestro amigo Pantapa

 

Quería deciros que este mes os voy a poner en mi página de Facebook, Pantapa en Pekehistoria, un cuento que se titula El pirata Patapalo y el árbol mágico y que lo escribió, esa mujer que nos tiene en su cabeza y nos da vida, Pepa González Ramírez como dedicatoria a El árbol de los chupetes de Sevilla. Espero que os resulte divertido.

En colaboración con iHistoriArte| Pepa González Ramírez

Síguenos también en: FacebookTwitterGoogle+ o RebelMouse