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En un gran campo de trigo y junto a una cabaña pequeña y acogedora, se ha organizado una fiesta de carnaval. Todos los habitantes del mundo de Fantasía van a acudir a ella. La ha organizado Pantapa, el espantapájaros, y le va ayudar su amiga la bruja Carmela.

Cabaña de Pantapa Crédito: Berta E. García Lorenzo

Cabaña de Pantapa
Crédito: Berta E. García Lorenzo

– No sé de qué disfrazarme Carmela. ¿De qué lo harás tú?

– Yo iré de payasa. Podrías vestirte de mago, ¿qué te parece?

– ¡Vale, sí, me gusta la idea! Pero no sé de dónde voy a sacar la ropa. No tengo nada que me sirva para ese disfraz.

– De eso no te has de preocupar porque yo con mi magia tu ropa transformaré:

Ropa de mago tú tendrás cuando mis manos yo ponga sobre ti.

Y dicho y hecho Pantapa apareció hecho un mago con mucho primor. Después sobre ella, la bruja, dirigió el mismo hechizo y se convirtió en una payasa genial.

– ¡Vaya, estamos estupendos!-exclamó Pantapa muy contento.

Ya disfrazados, se dedicaron a preparar el lugar qué habían elegido para la fiesta. Colocaron banderines y globos entre las ramas de un grupo de árboles, debajo de los cuales pensaban bailar, cantar y divertirse. Cada uno de los invitados debería traer algo para compartir con los demás. La bruja Carmela dispuso también de grandes telarañas que enseguida se llenaron de arañas vestidas para la ocasión. Pantapa trajo mantas y esterillas para ir colocando las viandas y sentarse cuando así lo quisieran. Colocaron platos, que el mismo Pantapa había tejido con paja y vasos que la bruja Carmela inventó y que tenían forma de pequeñas ollas.

Pantapa con disfraz de mago Crédito: Pepa Glez. Ramírez

Pantapa con disfraz de mago
Crédito: Pepa Glez. Ramírez

Ya estaba todo listo cuando comenzaron a llegar los primeros asistentes. Una pareja de elfos, casi irreconocibles, vestidos de estrellas. Duendes que parecían  flores, enanos transformados en animales y en el cielo un espectáculo increíble, pequeñas frutas voladoras se acercaban que no eran otras que un grupo de hadas y silfos. En breve el lugar se vio transformado y se lleno de color. Todos contentos se saludaban y se reían de sus atuendos. Sobre las mesas improvisadas en las mantas, fueron disponiendo galletas que se movían y eran difícil de coger, pastelillos que al morderlos se reían o gritaban, bocadillos rellenos de nubes, algunos incluso con rayos y truenos. Coger un bocado era un riesgo importante que a ellos sólo los hacía reír. Las ollas con las bebidas desprendían olores extraños y rebosaban humos y espuma.

Se formó una pequeña orquesta de animales y comenzaron a tocar

La bruja Carmela disfrazada de payasa Crédito:Pepa Glez.

La bruja Carmela disfrazada de payasa
Crédito:Pepa Glez.

mientras el resto se puso  a bailar.

El sol hacía ya hacía rato que se había marchado. Encendieron velas y lámparas y las luciérnagas se fueron incorporando a la fiesta llenando el ambiente con sus luces en movimiento. La luna Catalina ya había despertado de su sueño y cambió su gorro de dormir por otro adecuado para la fiesta.

Estaban pasándoselo genial cuando de pronto se escuchó una voz que gritaba:

-¡Ey! ¡Ey! Yo también quiero ir a la fiesta.

La luna Catalina Crédito: Marta del taller Fantasía

La luna Catalina
Crédito: Marta del taller Fantasía

– ¿Quién ha hablado? ¡Callad, callad! -decía Pantapa- ¡Silencio!

La orquesta dejó de tocar, los invitados de bailar y se hizo un gran silencio.

-Quiero ir con vosotros, pero no sé cómo.

Todos extrañados miraban por todos lados intentando averiguar de dónde salía la voz.

– ¿Quién eres? ¿Y desde dónde nos hablas? –le preguntó muy intrigado Pantapa.

– Soy Eloísa, una niña. Estoy en mi cama, me habéis despertado con vuestra música.

La niña Eloísa Crédito: Berta E. García

La niña Eloísa
Crédito: Berta E. García

Las caras de sorpresa y los murmullos entre unos y otros no cesaban. ¿Cómo era posible aquello? Estaban acostumbrados a ver magia y algunos a hacerla, pero hacía muchísimo tiempo que un humano no los veía y menos que se ponía en contacto con ellos. Estaban acostumbrados a que fuera al revés. Ellos sí se introducían en su mundo, sobre todo a través de los cuentos y los sueños. Esta pequeña debía ser muy especial para que su voz se escuchara en el mundo de la Fantasía.

– Si no me lleváis con vosotros gritaré mucho y vendrán mis padres y mis hermanos y os verán también.

– ¡Vaya con Eloísa!, sí que es lista -dijo la bruja Carmela. ¿Qué podemos hacer?

– Oye pequeña, tenemos un problema. Tenemos que hablar entre nosotros para intentar averiguar cómo te traemos. Tienes que esperar un poquito ¿de acuerdo? -le dijo Pantapa.

-Está bien, pero no tardéis mucho.

Se juntaron y comenzaron a hablar muy bajito. Estaba claro que no podían perder tiempo intentando averiguar qué había sucedido. En cambio debían pensar cómo podrían traer a la niña y cómo luego la devolverían a su casa. Cada uno iba diciendo sus ideas y todos movían la cabeza en señal de que aquello no funcionaría. Cuando ya no se les ocurrió nada más, miraron a la bruja Carmela que todo el tiempo estuvo callada sin decir nada, pensativa.

– Creo que puedo intentar algo. Catalina, la luna, es visible para ambos mundos y tiene la capacidad de vernos a todos. Utilizando mi magia fabricaré una escalera capaz de llegar a ella desde aquí y luego que ella, Catalina, la envíe al lado humano. Lo único que ha de quedar muy claro es que el hechizo sólo durará mientras sea de noche, antes de que comience el día la niña habrá de regresar o se quedará aquí para siempre.

Todos pensaron que era una excelente idea, así que Carmela le comunicó a Eloísa lo que haría y que estuviera muy pendiente, asomada a su ventana, para cuando la luna le enviase la escalera. Eloísa muy contenta fue lo que hizo.

La bruja Carmela, comenzó a decir un hechizo:

Hili cin hili y sin igiji vii tijiindi.

La escalera a la luna Crédito: www.proyectovinilo.com

La escalera a la luna
Crédito: www.proyectovinilo.com

Ini isciliri viijiri vi sibiindi

jinti  i li  lini lligirí y disdi illí,

irdin di bijir tindrí,

piri histi il mindi himini lligir.

Sili ini niñi li pidrí sibir,

invisibli piri tidis hibrí di sir.

Ini nichi isti migii dirirí,

y iqiilli qii ni ibidizci, itripidi

in isti mindi si virí.

Mientras iba recitando el hechizo, la bruja Carmela, hacía como si estuviese tejiendo de verdad y de sus manos una escalera luminosa fue saliendo que todos vieron llegar a la luna. Entonces la bruja subió y le contó a su amiga el plan. La luna asintió encantada y mientras Carmela bajaba, ella se puso a localizar a la pequeña. La encontró muy pronto ya que en una ventana descubrió a una niña que tenía un brillo especial, y allá le envío la escalera.

Eloísa subió y subió, saludo amablemente a la luna Catalina y le dio las gracias por ayudar. Después la luna colocó la escalera en dirección al mundo de la Fantasía y hasta allí llegó la pequeña. Al principio todos se sintieron un poco incómodos, pero enseguida se les pasó. Eloísa era una niña encantadora y risueña que bailó y cantó con ellos.

La hora llegó de la despedida y querían hacerle muchas preguntas, pero no quedaba tiempo. La luna Catalina comenzaba a tener sueño y quería irse a descansar. Eloísa se despidió y les hizo prometer que otro día la dejarían subir y así ella les podría contestar a sus preguntas. Le dio un fuerte abrazo a Pantapa y las gracias a la  bruja Carmela por su hechizo.

Globos en la fiesta Crédito: Pepa Glez. Ramírez

Globos en la fiesta
Crédito: Pepa Glez. Ramírez

Nada más llegar a su ventana, la escalera desapareció. La luna Catalina volvió a cambiar de sombrero y se durmió. El sol comenzó a desperezarse y todos en el mundo de la Fantasía se fueron a dormir. Había sido una fiesta de carnaval muy extraña pero fantástica y ninguno olvidaría a la pequeña Eloísa.

En el mundo humano, sonó un despertador. Era la hora de levantarse para ir al colegio. Eloísa estiró el brazo y muy cansada puso su mano, con la intención de pararlo, sobre la cabeza del muñeco que tenía como reloj. El espantapájaros dejó de sonar. Cuando se incorporó para ponerse las zapatillas, de sus pantalones del pijama, cayeron hebras de paja.

Y colorín colorado este cuento carnavalesco se ha terminado.

Vuestro amigo Pantapa

Amigos y amigas os propongo un juego. ¿Qué dice el hechizo? ¿Sois capaces de adivinarlo? Si es así, mandarme un dibujo a mi página de Facebook: Pantapa en PekeHistoria. Lo pueden subir  vuestros padres, y con los dibujos recibidos haremos un mural que saldrá en la revista.

Los espero impaciente.

En colaboración con iHistoriArte| Pepa González Ramírez

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