“El hombre es un animal político”

Esta frase del filosofo griego, describe a la perfección la necesidad innata del ser humano, desde tiempos inmemorables, de vivir en sociedad, con todo lo que ello conlleva. Y con ello surgirá la necesidad de legislar, porque como decía Plauto hace más de dos mil años:

“El hombre es un lobo para el hombre”.

Así, unido al deseo de agruparnos en sociedades, ha estado la necesidad de protegernos de nosotros mismos y nuestros actos. Lo que provocará que desde el principio de los tiempos, se elaboren códigos de conducta, que sentarán las bases de los futuros códigos legislativos.

Aristóteles
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Los comienzos del Estado

El concepto “Estado”[1]surge en Europa durante del siglo XVI d.C., entendido como una forma de gobierno articulada, que sustituye la residencia de las personas de una base parental a otra gubernamental regida por códigos legislativos; se puede decir que una de las aportaciones más importantes del POA (Próximo Oriente Antiguo) es la aparición del Estado que supera las viejas jerarquías de la prehistoria. El proceso evolutivo es complejo y obedece a diferentes causas, la aparición de Estados es anterior a la historia, quedan más que constatados indicios de una estratificación económica y una especialización productiva ya desde la Edad del Hierro.

Sea como fuere en un determinado momento de la historia del POA, las sociedades de jefaturas preexistentes evoluciona de la aldea a la ciudad, y de ésta al Estado, entre el VI y el IV milenio a.C., asumiendo la necesidad de que un grupo humano quedara liberado del trabajo manual para asumir el gobierno; un gobierno que en todo el territorio quedará estrechamente vinculado a la religión. El rasgo característico y común será “La Monarquía” tanto en Mesopotamia como en Egipto, donde la figura de un rey con muy altas atribuciones ejercerá de intermediario entre dioses, hombres y naturaleza. 
Próximo Oriente Antiguo
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La cosmogonía sumeria dice que cada dios eligió un país como residencia y entre todos los hombres del lugar eligió uno como lugarteniente; en Mesopotamia el rey es uno más, un arrendatario de los dioses, personalizado en el dios epónimo de la ciudad. En todo el POA el rey tiene un papel legislador, inspirado por los dioses. La excepción es Israel donde le rey tiene un papel meramente político y las leyes son directamente reveladas por Dios.

Características importantes son la existencia del templo y el palacio, sedes de la administración estatal, donde se acumulan excedentes para su posterior redistribución. Foco de residencia de las clases especialistas (soldados, escritores, contables…), toda la administración del Estado se centraliza a través del templo y del palacio[2]. El desarrollo histórico de las ciudades es muy lento y universalmente compartimentado. Mientras en Egipto, un oasis entre dos desiertos, siempre concibieron su país como un don del Nilo y la simetría cósmica se ve reflejada en todos los aspectos de la vida cotidiana (reflejo de ello las crecidas controladas del río, entrono a las cuáles se organiza toda la vida en el valle), en Mesopotamia el maremágnum de culturas y pueblos están acostumbrados a convivir con el caos y la destrucción. El hombre tiene conciencia de ser un ciudadano.

Nos encontramos ante sociedades que tienen una infinita dependencia  de la población con respecto al Estado. Todo hombre tiene la obligación de prestar servicio al Estado, con su trabajo o con su tributo, sólo así se explican actuaciones como la construcción de las pirámides o la desecación de pantanos tras las crecidas del Tigris. Y aunque no son sociedades esclavistas, sino que el Estado es asumido como forma política donde todos participan, si es verdad que la figura del esclavo está registrada jurídicamente, y donde se puede llegar a ser esclavo tan rápido como se puede dejar de serlo.

Fragmento del Código de Hammurabi
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Pero el elemento nuclear que define al individuo en el mundo es la familia. En todo el POA encontramos sociedades patriarcales[3], patriliniales[4]y patrilocales[5], no sólo se trata de asegurar una existencia material sino también de establecer una identidad social. En un mundo dominado por la idea de supervivencia, resulta una tragedia que la propiedad adquirida se pierda. Los antepasados y los hijos garantizan al hombre del POA la seguridad cósmica.

Una de las aportaciones más importantes del POA son sus compilaciones legislativas, agrupadas en lo que se denomina “códigos”, ya que se tratan de colecciones de leyes con instrucciones muy precisas para los jueces. El derecho consuetudinario no se redacta por escrito, tan solo se revisan las leyes necesarias, sobre lo que no hace falta no se legisla. La figura del monarcas es la encargada de revisar éstos códigos laicos, aunque si existe inspiración divina, como ya comentamos anteriormente a excepción de Israel, donde los códigos son entregados directamente por Dios.

Desde el punto de vista moderno se trata de códigos muy modernos, donde se sustituye el concepto de venganza y además se castiga. Ahora será el Estado el encargado de castigar al infractor, sistematizando las penas. Se desarrolla un principio de igualdad del pueblo ante la ley. Para llegar a éste tipo de conceptos ha sido necesario un largo proceso de refinamiento de la sociedad. En el sentido formal los códigos exhiben una reglamentación de propuesta-consecuencia (prótasis-apódosis).

Todos éstos códigos poseen un prologo y un epílogo, el primero servirá de curriculum vitae para el monarca, aunque siempre con alusiones a las divinidades, recordemos que todo derecho tiene un principio de “Fas”[6], aunque el “Ius”[7]es estrictamente humano. Hay que tener en cuenta que  una cosa será la legislación establecida por el monarca y otra muy distinta la aplicación de dicha ley. Ya que será el juez el encargado de interpretar bien el espíritu de los códigos.

Estela del Código de Hammurabi
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Explicación de la estela del Codigo de Hammurabi, encontrada en Susa en 1901

En la derecha del bajorrelieve encontramos la figura sedente del dios Shamash[8]de la justicia y la equidad. A la izquierda aparece representado Hammurabi con vestimentas acadias (túnica de pastor) en actitud serena y mayestática,  la escena establece el canon jerárquico. El Dios hará entrega al monarca de la vara y el cetro, emblemas de la realeza y el mando. El rey los recibe en actitud reverente, con la mano izquierda en el flanco y la derecha en el hombro. La interpretación es clara, Shamash o le trasmite las leyes directamente o la posibilidad de legislar.


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Bibliografía:

Sanmartín, J., Código de Hammurapi, Barcelona 1999.

Fatás, G., Leyes hititas y asirias, Universidad de Zaragoza, 2000.

Fatás y Marco, Materiales para un curso de Historia Antigua, Tórculo Ediciones, Santiago, 1994.



[1]    Maquiavelo, El Príncipe, utilizando la palabra italiana Stato evolución de la palabra latina Status

[2]    Lévi-Strauss, Antropología estructural, ed. Paidós, Barcelona

[3]    El principal depositario de los derechos patrimoniales de la familia es el varón.

[4]    La vía de trasmisión de bienes esta basada en la descendencia por linea paterna.

[5]    Tras el matrimonio la nueva unidad domestica debe residir en casa del varón.

[6]              Fas es la condición divina de la licitud de una conducta. Recordemos que en aquellos tiempos el derecho y la religión estaban aún sin desligarse.

[7]              La palabra Ius significa derecho en el sentido de derecho objetivo. Ius era lo justo mientras que Fas era lo lícito.

[8]    Utu para los sumerios, Dios-Sol que nace, se desarrolla, muere y resucita.